Moscú (ANSA) - El sugestivo silencio mantenido durante las últimas dos semanas por el presidente ruso, Vladimir Putin, en torno a la crisis con Irak, roto luego de la reunión de George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar en las islas Azores, Portugal, había sido interpretado en Washington como una aparente señal de que Rusia había retrocedido en su firme posición dentro del Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, voceros oficiales aseguraron que Rusia siguió actuando en dos planos diferenciados de la diplomacia, convirtiéndose en un negociador silencioso con Washington.
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Por un lado, y públicamente, Moscú siguió acompañando a Francia y Alemania para evitar la guerra, buscando una solución diplomática a través de la ampliación de las inspecciones internacionales. Por el otro, y en secreto, Rusia trató de convencer a Estados Unidos de que retirara su proyecto de segunda resolución, que hubiese provocado la fractura del Consejo de Seguridad y, en última instancia, podría haber sido vetado por Moscú. Quizá por ese motivo y para no romper abiertamente con Moscú, Powell no mencionó la amenaza del veto ruso, sino sólo el de Francia, cuando anunció que Estados Unidos desistía de presentar su resolución en el seno del Consejo de Seguridad. La posición rusa en la ONU parece ser una señal -para los observadores internacionales-del inicio de una nueva etapa en la política exterior de Moscú. Putin recientemente había asegurado que 2003 sería el año en el cual Rusia adoptaría un nuevo protagonismo en la política internacional. Informate más
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