12 de diciembre 2005 - 00:00

Dudas e inquietudes en el futuro de la Concertación

Santiago (enviado especial) - Elección tras elección, la votación por la Concertación por la Democracia se va desgranando desde aquel 56% (a 20 puntos de ventaja sobre la Alianza por Chile) conseguido por Patricio Aylwin hace 16 años y la centroderecha rompe su techo en la medida en que logra despegarse del recuerdo de Augusto Pinochet. Ayer se ratificó el poder de una maquinaria electoral llamada Concertación, pero surgieron más dudas sobre la efectividad de los argumentos de la coalición que se define de centroizquierda.

A diferencia de lo que ocurrió en diciembre de 1999, cuando Ricardo Lagos ganó por sólo 30.000 votos frente a Joaquín Lavín en primera vuelta y un mes después desempató con claridad al lograr sumar la totalidad del porcentaje sacado por la comunista Gladys Marín, en esta ocasión los números son mucho más ajustados. Michelle Bachelet apenas superaría por un margen exiguo a Sebastián Piñera si todos los votantes del humanista Tomás Hirsch la eligieran en el ballottage. Muchos de esos electores expresan la oposición al modelo económico y juran que ya no ven ninguna diferencia entre los dos grandes bloques. Sin embargo, ese grupo político suele volcarse, no sólo en Chile, con el fin de bloquear el acceso de la opción ubicada más lejos hacia la derecha.

En el otro bloque, es sabido que el hecho de que Piñera sea el representante de la centroderecha abre mayores expectativas que las que hubiera despertado Lavín
, quien tiene mayores dificultades ante los sectores de centro. Es esperable que el voto ideológico por la Unión Demócrata Independiente (UDI), en sentido inverso que los de Juntos Podemos Más (izquierda), se traslade casi íntegramente a Piñera con el fin de evitar ver otra vez a una socialista sentada en La Moneda.

• Incógnita

La amplitud de fronteras que logró Lavín para su fuerza abre una incógnita más sobre lo que pueda ocurrir. El ex alcalde de Santiago logró hacerse popular desde 1999 entre los sectores más pobres. En ese grupo, entran más en juego los carismas y el poder del aparato partidario en detrimento de la coherencia ideológica de cara a la segunda vuelta.

Además de poner en duda la elección de Bachelet, la votación de ayer anuncia nubarrones a mediano plazo para la coalición de centroizquierda.
Queda más claro que nunca que la amenaza de Pinochet, figura cada vez menos relevante en la política local, ya no garantiza triunfos.

Más allá de las aparentes cuestiones ideológicas, el voto de ayer expresa el poder de aparatos con excesivo marketing político y alguna dosis de clientelismo. Si bien no se acerca a los mecanismos proselitistas del peronismo y está todavía más lejos del PRI mexicano, la Concertación (PS, DC, PPD, PRSD) también se beneficia de una significativa laxitud ideológica que se hace menos justificable con el paso del tiempo.

• Contradicciones

A corto o a mediano plazo, la alianza tendrá que resolver contradicciones importantes. Allí caben tanto la opinión expresada por quien elaboró el programa económico del oficialismo, Andrés Velasco, acerca de que «a nadie sensato» se le ocurre «que no tiene que haber un rol grande para el mercado en la asignación de recursos», como la del senador Carlos Ominami (izquierda del PS), ex ministro de Economía de Patricio Aylwin, para quien «el mercado no puede solucionar los grandes problemas que tiene Chile». Para Velasco, la desigualdad es casi una característica intrínseca de la economía «que se mueve de modo glacial» y, para Ominami, «debe ser el primer tema de la agenda» del futuro gobierno.

Este influyente senador reconoció a
Ambito Financiero que puede darse una tirantez entre los aliados y «veremos qué lugar ocupa cada uno en la conformación del gobierno», pero que «el mercado no es el que va a solucionar que la mitad de los trabajadores chilenos gane menos de u$s 400 o que 50% de la fuerza laboral esté fuera del sistema de jubilación, aunque no se discuten los lineamientos generales de la economía». En cambio, para el economista liberal citado, como «el mercado debe tener todo el espacio posible», el Estado se tiene que limitar a asistir a los segmentos desatendidos por los privados y a apoyar la innovación científica y tecnológica de las empresas.

Eugenio Tironi
, ex director de Comunicación del gobierno democristiano Aylwin y actual consultor, no ve tantas incoherencias. «La Democracia Cristiana fue históricamente más bien de centroizquierda, hizo la reforma agraria y hoy hay más visiones críticas al modelo en la DC, en el sector encabezado por Adolfo Zaldivar, que en los socialistas», arriesga el analista y da la pauta de otra vertiente más. Los «colorines», como se llama al sector centroderechista del veterano dirigente demócrata cristiano, reclaman «correcciones» al modelo.

Tironi agrega más elementos para la confusión de los próximos años de la política chilena.
«En los '90 la izquierda se compró el mercado. En esta campaña quedó claro que la derecha se compró la ( necesidad de una mayor) igualdad.» ¿Es creíble que todos piensan lo mismo? «No es malo tener ese consenso en este momento de progreso que vive Chile», argumenta.

El riesgo que cabe al oficialismo es que, junto con una ideología multifacética, apele a vicios de los que por ahora no abusa. En la campaña se vio asfalto electoral bajo la forma de inauguraciones de autopistas, cárceles, trenes y viviendas. Hubo varias denuncias de clientelismo, pero Tironi marca límites para esta práctica en Chile: «Aquí, a diferencia de la Argentina y México, hay un Estado muy débil, no hay empresas públicas y los subsidios son concursados, por lo que existe un impedimento estructural» para prebendas generalizadas. «A decir verdad, en la campaña hubo mucho más clientelismo en la derecha que en la Concertación, porque el apoyo del sector privado a la oposición le da recursos en una relación cuatro a uno con los del gobierno», apuntó Tironi.

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