Efecto plebiscito: Francia tiene nuevo primer ministro
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El primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, junto a su sucesor Dominique de Villepin, un hombre de la máxima
confianza del presidente Jacques Chirac.
La composición total del nuevo gobierno de la Unión por un Movimiento Popular (UMP) se dará a conocer antes del fin de la semana en una fecha todavía sin determinar. La lucha contra el desempleo, que afecta a 10% de los franceses, la unidad en torno al interés nacional y la recuperaciónde la vocación europea tras el traumático rechazo a la Constitución continental serán las prioridades de este nuevo equipo de gobierno, según Chirac.
«Frente a la situación actual, debemos reaccionar, unirnos, superar las dificultades y lo que nos bloquea para hacer avanzar nuestro país», aseguró el mandatario. En un discurso de tono circunspecto difundido por televisión, el mandatario explicó que entendió el mensaje que le enviaron los ciudadanos el domingo y por ello está realizando cambios en el gobierno, pero sin renunciar a las «ambiciones de Francia» dentro de Europa.
En este espíritu de unidad, Chirac dio su brazo a torcer y llamó a Sarkozy, aunque no para nombrarlo primer ministro, como pensaban analistas y mercados financieros.
• Posibilidad
Además de la presidencia de la UMP y el cargo de ministro de Estado, Sarkozy podría ocupar también la cartera de Interior, un privilegio hasta ahora impensable que da idea del enorme poder de este político.
Antes de abandonar definitivamente el palacio de Matignon, residencia del jefe de Gobierno en Francia, Raffarin aseguró que «apoyará con toda su fuerza» a Villepin, al que definió como su «sucesor preferido». Pero desde la izquierda radicalizada, impulsora del No en el referendo, las críticas a este nombramiento no se hicieron esperar.
«Provocación», «insulto a la soberanía», «negación de la democracia», «error histórico» o «más de lo mismo»: para socialistas, comunistas o ecologistas, el nombramiento de Villepin es un remedio inútil para solucionar una grave crisis política.
El nombramiento tampoco satisfizo a los centristas: «Los franceses van a tener el sentimiento de que se elige a la misma gente y se empieza de nuevo», explicaron los voceros de la formación centrista UDF (Unión por la Democracia Francesa), anunciando que no quieren formar parte de este nuevo gobierno.




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