El ascenso de un hombre que comenzó a leer a los 10 años
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• Humillaciones
En menos de 10 años lideró esa fuerza arraigada en el cordón industrial paulista. En 1975 y 1978 ganó las elecciones del Sindicato de Metalúrgicos de San Bernardo y Diadema. Corrían los años de la dictadura militar, que lo llevó a prisión en 1980 después de liderar una huelga prolongada. Fue luego de ese cautiverio que el nombre Lula se incorporó al inventario de la política nacional brasileña. Una de las consecuencias de estos episodios fue que en 1980, en el atrio de la iglesia Nuestra Señora de Sion, se fundó el Partido dos Trabalhadores, PT. Participaron no sólo obreros, también dirigentes estudiantiles e intelectuales. Una versión muy divulgada dice que Lula, un hombre genuinamente de izquierda, fue sin embargo el instrumento del jefe de la Casa Civil del gobierno militar, general Golbery do Couto e Silva, quien pensó que el ascenso del sindicalista podría dividir a la izquierda liderada por Leonel Brizola, recién llegado del exilio y con la perspectiva de erigirse como gobernador de Rio de Janeiro.
• Primera derrota
1982 fue el año de su primera lucha fuera del medio sindical. El legendario Franco Montoro, fallecido hace un par de años, le ganó la gobernación de San Pablo. En 1986 fue el diputado federal constituyente más votado del país, con 650.000 sufragios a favor. En 1989, frente a Fernando Collor de Mello sufrió la primera de sus tres derrotas en elecciones para presidente de la República.
Para esos comicios se hizo pública por primera vez su vida personal, hasta entonces ejemplar. Lula tuvo dos casamientos. El primero, con María de Lourdes, terminó en 1970, durante el parto en que murieron ella y el primer hijo del sindicalista. El segundo casamiento se produjo en 1974, con su actual mujer, Marisa Leticia. Ella era también viuda, su marido Marcos fue asesinado durante un asalto estando Marisa a la espera de un bebé. Lula adoptó al chico, hoy de 31 años, y le dio su nombre: Marcos Claudio Lula Da Silva. Una historia perfecta para conmover durante las campañas electorales, si no fuera porque Lula, casado ya con Marisa, dejó embarazada a su amante Miriam Cordeiro: la hija de ambos, Luriam, hoy es una periodista de 28 años.
Collor de Mello decidió utilizar el caso en sus ataques proselitistas y Lula entró en una depresión profunda. Collor ganó la elección. Ninguna de sus otras dos derrotas, en 1994 y 1998, las dos frente a Fernando Henrique Cardoso fueron tan dolorosas como ésta.
• Prescindencia
Curiosamente, al cabo de cada derrota Lula casi desapareció de la escena. No ocupó cargos públicos, tampoco bancas en el Congreso (cuando fue constituyente casi no asistió a las sesiones). Esta prescindencia hace temer a algunos en cierta fisura en la vocación por el poder que podría crear dificultades frente a las crisis. Contraargumento: nadie que no aprecie en mucho el poder persevera cuatro veces para alcanzarlo.
Esta campaña electoral fue la de la gran transformación de la imagen de Lula. Ahora se matiza la barba, cambió el corte de cabello, usa corbata y trajes de marca. Todo obra de Eduardo Duda Mendonça, el mismo «marquetinero» que atiende la imagen de Eduardo Duhalde y de José Manuel de la Sota. El mismo que descubrió que si Lula quería superar el alto índice de rechazo que tenía en la clase media de las grandes ciudades brasileñas, debía apelar a posturas conciliadoras. Duda transformó la imagen algo feroz del sindicalista de los años '80 en el «Lulinha paz e amor» del que se burla la prensa brasileña. Este tono conciliador se traslada también al discurso de Da Silva. Cuba, «ejemplo de democracia» en 1984, merece ahora que Fidel «convoque a elecciones». La globalización, «una fuerza destructiva del trabajo a favor del capital», obliga ahora a «convertir a las embajadas en instrumentos dinámicos para el comercio exterior» de Brasil. Antes, no debía pagarse la deuda externa; ahora, sólo se habla de respetar los acuerdos firmados. Esta metamorfosis facilita algunos apoyos impensables hace un par de años: desde el ex presidente José Sarney, de quien Lula fue acérrimo opositor, hasta Orestes Quercia, a quien en 1987 acusó de usar los métodos de la Gestapo.
Más allá de la cosmética del marketing político, en el pensamiento del propio Lula parece estar claro el giro hacia el realismo que reclama la sociedad brasileña para convertir a un dirigente destacado en presidente del país. Si no, basta ver sus declaraciones al periodista Alvaro Pereira en el libro «Depois de FHC» -Después de Fernando Henrique Cardoso-(Sao Paulo: Geracao Editorial, 2002): «La misma derecha que en 1985 había derrotado a Fernando Henrique Cardoso en San Pablo, porque lo consideraba comunista, decidió adoptarlo ahora como única posibilidad de derrotarme en 1994. Además, cuando se escriba un libro sobre aquel período, Fernando Henrique Cardoso deberá reconocer que llegó a presidente de la República gracias a mi existencia. No porque yo lo apoyara sino por el miedo que la élite brasileña me tenía. Consiguió absorber a Fernando Henrique, que no estaba en su mejor momento político».



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