LOS « CANJEABLES». Las dos rehenes liberadas ayer por las FARC formaban parte de un grupo de unos 50 secuestrados que ese grupo terrorista pretende intercambiar con el gobierno por al menos medio millar de rebeldes presos.
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LOS MAS ANTIGUOS. Son los militares Pablo Emilio Moncayo y José Libio Martínez, quienes fueron secuestrados en un ataque perpetrado el 21 de diciembre de 1997 contra una instalación de comunicaciones del Ejército en el sur del país.
LA MAS FAMOSA. La más conocida del grupo es Ingrid Betancourt, una combativa ex senadora que al momento de ser secuestrada, el 23 de febrero de 2002, era candidata presidencial por el partido Verde Oxígeno. Su jefa de campaña y, más tarde, compañera de fórmula era Clara Rojas, liberada ayer. Por tener doble nacionalidad colombiana y francesa, su caso ha movilizado en los últimos años al gobierno de Francia.
LOS «GRINGOS». Del grupo también forman parte los norteamericanos Marc Gonsalves, Thomas Howes y Keith Stansell, secuestrados el 13 de febrero de 2003 cuando realizaban tareas antidrogas en el sureño y selvático departamento de Caquetá. No se sabe si el avión en que se movilizaban fue derribado por las FARC o si cayó por una falla mecánica, pero lo cierto es que los tres se convirtieron desde entonces en uno de los trofeos más preciados de los guerrilleros
UN CASO EMBLEMATICO. En condición de rehenes también se encuentran el ex senador Jorge Gechem, secuestrado el 20 de febrero de 2002, lo que entonces llevó al gobierno del presidente Andrés Pastrana (1998-2002) a romper el proceso de paz que celebraba con las FARC.
También son rehenes los ex congresistas Oscar Lizcano (secuestrado en 2000), Orlando Beltrán (2001), Luis Eladio Pérez (2001) y Gloria Polanco (2001), y el ex gobernador del departamento de Meta Alan Jara (2001).
LOS NO CANJEABLES. Las FARC tienen secuestradas, además, a entre 700 y 800 personas. A diferencia de los «canjeables», por ellos sólo piden dinero para financiar sus actividades. Han sido frecuentes los casos en que, pese a haberse llevado a cabo el pago de rescates, los terroristas mantuvieron en su poder a los rehenes a fin de sacar más beneficios.
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