El drama de quienes no huyeron de los cohetes
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Llaman porque andan escasos de víveres o sin energía eléctrica, o por problemas de salud. «La mayor parte no quiere más que marcharse.Se enfadan cuando les digo que no puedo ocuparme de eso. Se enfurecen al ver que los dejamos sufrir aquí», contó.
Según Yariv Amiad, un portavoz de la ciudad, el gobierno israelí no ha puesto en marcha un dispositivo de evacuación y los servicios municipales carecen de medios para asumir los gastos del transporte y alojamiento de estos indefensos.
En Kiryat Shmona, los servicios estatales que asistían a los pobres cerraron sus puertas y el resultado de este cierre se ha palpado durante una distribución de víveres organizada por un francés que envió al norte un camión cargado de bienes. Empujones e incluso peleas acompañaron el reparto de la ayuda. «Estamos hambrientos, el Estado nos ha abandonado», se quejaba un hombre de unos 40 años que afirma ser desempleado. Un grupo de mujeres que sostenían en brazos a sus bebés suplicaba a los voluntarios que les diesen leche, azúcar y aceite.
A unos metros del camión, el filántropo francés contemplaba abrumado la escena. «No esperaba ver imágenes como éstas en Israel, me conmueve», dijo.
De pronto, la distribución se interrumpió porque los habitantes se arrancaban de las manos las bolsas, que al caer al suelo quedaban inservibles.
Sima, una joven madre, parecía anonadada. «Nadie ha venido a vernos desde hace tres semanas, ustedes son unos ángeles», dijo con lágrimas en los ojos.



