17 de julio 2008 - 00:00

El pasado zarista aún divide a Rusia

Moscú - Rusia recuerda al último zar, Nicolás II, y su familia, fusilados por los bolcheviques hace 90 años, hecho histórico que aún divide a la sociedad, la Iglesia y la Justicia rusas.

En todas las iglesias del país se ofician servicios religiosos en memoria del monarca, su esposa y sus cinco hijos, asesinados en las afueras de la ciudad de Yekaterimburgo en la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918. También se suceden las procesiones con destino a esa ciudad de los Urales por parte de los creyentes ortodoxos, que desean rendir tributo a los miembros de la familia real, declarados «Mártires del Comunismo» por la Iglesia Ortodoxa Rusa.

Ante las sospechas de que los Romanov pretendan recuperar el trono, la Gran Duquesa María -máxima representante de la dinastía, nacida en Madrid en 1953 y residente desde entonces en España- expresó su deseo de trasladarse permanentemente a Rusia e insiste en que sólo el pueblo ruso en referéndum puede decidir la reinstauración de la monarquía.

  • Exposiciones

  • Moscú y la antigua capital imperial, San Petersburgo, donde se encuentra enterrado Nicolás II, reciben estos días numerosas exposiciones y conferencias sobre la vida del zar y las últimas revelaciones sobre su trágico destino. No obstante, pese al tiempo transcurrido y el hecho de que tanto el régimen bolchevique que ordenó su fusilamiento como la Unión Soviética ya han desaparecido, las rencillas causadas por su muerte aún no se han restañado.

    La Casa Imperial rusa insiste en que Nicolás II y sus familiares deben ser rehabilitados como víctimas de represiones, aduciendo que su asesinato fue un «crimen político», ya que los bolcheviques consideraban al zar un «enemigo de clase». Pero la Justicia rusa se niega a rehabilitar a la familia real al considerar que no hay base legal para considerarlos víctimas de una campaña de represión política bolchevique. Los descendientes del zar han apelado una y otra vez el fallo de la Fiscalía, que insiste en calificar el fusilamiento como «homicidio premeditado».

    Coincidiendo con el aniversario, científicos rusos adelantaron ayer que efectuarán un nuevo análisis genético de los huesos de Nicolás II, hallados bajo tierra en las afueras de Yekaterimburgo en 1979 junto a los de su esposa y tres de sus cinco hijos. Los científicos desean comparar el código genético obtenido de los restos óseos con las muestras de la camisa manchada de sangre que Nicolás vestía cuando sufrió un intento de asesinato en 1891 durante su visita a Japón, cuando aún no había heredado el trono. No obstante, el museo del Hermitage de San Petersburgo se niega, por el momento, a que se corte un trozo de la camisa del zar para su análisis.

    Por otra parte, el Comité de Investigación de la Fiscalía anunció ayer que los análisis de ADN de otros restos óseos hallados el año pasado cerca de Yekaterimburgo corroboran que pertenecen a los últimos dos hijos del zar: la gran princesa María y el zarevich Alexei, heredero de la corona.

    Los restos atribuidos al zar, su esposa y tres de los hijos fueron exhumados en 1991 y sepultados en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo en 1998, en presencia del entonces presidente ruso, Boris Yeltsin, y representantes de casas reales.

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