25 de abril 2005 - 00:00

El reto es volver a cristianizar Europa

Roma - Un Papa del Norte y para el Norte. Un Papa alemán, del corazón de Europa, para frenar la galopante secularización del continente que evangelizó el mundo y, ahora, parece agotado. Sin olvidar la Iglesia pobre del Sur, ni el ecumenismo con los ortodoxos, ni el acercamiento al Islam, el principal objetivo y el máximo reto de Benedicto XVI será la recristianización de la vieja Europa. Llenar de nuevo sus templos.

Que la «misión Europa» será prioritaria en su agenda lo atestigua ya la propia elección de su nombre. Cuando todos esperaban un nuevo Juan Pablo III o, al menos, un Pablo VII, un Juan XXIV o, como mucho, un Pío XIII, el papa Ratzinger optó por el nombre de Benedicto XVI. Un nombre que nos remite a Benedicto XV, un Papa también con fama de conservador y antimodernista, que tuvo que afrontar la I Guerra Mundial, a la que tildó de «matanza inútil».

El nuevo Papa tendrá que hacer frente a otros conflictos no menos radicales, como el desencuentro cultural, el integrismo religioso o el abismo en el que cada vez se hunden más los pobres. Pero sobre todo, habrá de luchar contra la indiferencia religiosa, el cáncer que corroe las venas de la Iglesia.

• Enemigo invisible

Si Juan Pablo II se enfrentó y acabó con el comunismo, e intentó hacer lo mismo, sin conseguirlo, con el capitalismo salvaje, Benedicto XVI tendrá que vérselas con un enemigo invisible, pero no por eso menos peligroso: la estampida religiosa. Los teólogos lo llaman el «cisma silencioso». Millones de personas de educación y matriz religiosa dejan la Iglesia en silencio. Sin dar portazos. Simplemente se van, sin echar la vista atrás. Y muchos de los que se quedan optan por un cristianismo a la carta, por un cristianismo convertido en un mero rito social (con los sacramentos convertidos en ritos de paso, que dan solemnidad a los momentos clave de la vida) o por dar la espalda a la doctrina de la Iglesia sin problemas de conciencia. San Benito es el patrón de Europa y el fundador de la orden a través de la cual se evangelizó el Viejo Continente al final de la Edad Media. Sus monasterios fueron el germen de la actual Unión. El Papa Ratzinger eligió su nombre en honor del monje del «ora et labora». Un nombre, un programa: a la reconquista de Europa. Porque los datos hablan por sí solos. De los 702 millones de habitantes que tiene el Viejo Continente, sólo 276 millones son católicos. En los últimos tres años, la Iglesia Católica europea perdió 10 millones de fieles. Y, además, cada vez tiene menos sacerdotes para atenderlos. El invierno no acaba de dar paso a la primavera vocacional en Europa.

• Denuncia

En estos momentos, la Iglesia Católica del Viejo Continente cuenta con 1.511 obispos, 203.751 sacerdotes y 25.023 seminaristas. Poco clero y mayor. La media de edad del clero europeo supera los 67 años. Y, sin embargo, la Iglesia europea sigue siendo el centro de gravedad del catolicismo universal.

No en vano, cardenales latinoamericanos como
Rodríguez Madariaga denuncian una Iglesia demasiado eurocéntrica. Porque, en estos momentos, de los 1.362 millones de católicos, 606 se encuentran en Latinoamérica, 228 en Africa, 160 en Asia, 81 en Norteamérica y 11 en Oceanía.

Pero la centralidad europea no deriva de los números. La Iglesia Católica sigue girando en torno a Europa, porque el catolicismo europeo afronta hoy los problemas de secularización (en el Vaticano hablan de
«paganización») y debilitamiento de la institución que las demás áreas católicas del mundo deberán afrontar mañana.

Es en Europa donde se plantean los problemas espinosos de la relación entre fe y progreso científico. Como dice el papable portugués
Saraiva Martins, «casi todos los problemas que se le plantean a la Iglesia nacen en Europa, especialmente en el ámbito bioético». Si Juan Pablo II llenaba plazas y estadios, Benedicto XVI tendrá que llenar los templos, sobre todo en Europa, donde están vacíos. Con una mezcla adecuada de doctrina y misericordia. Adaptando la fe de siempre a los tiempos modernos, especialmente en lo que se refiere a la moral sexual y matrimonial. Para hacer volver al redil a las ovejas descarriadas europeas, sin olvidar a los pobres del Sur. Un Pontífice considerado conservador que tendrá que renovar. Y ofrecer al mundo un nuevo decálogo de convivencia y de paz inspirado en los valores evangélicos. Un Papa para Europa... y para el mundo.

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