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La manifestación, que tuvo el patrocinio de la región Lazio (en la está la capital italiana) y de la alcaldía de Roma, partió de la plaza del Campidoglio -sede de esa alcaldía- y tras recorrer calles del centro histórico de la ciudad finalizó en la plaza San Pedro, en momentos en que el Papa impartía la bendición Urbi et Orbi.
"Cuántas heridas, cuánto dolor en el mundo son males que ponen a dura prueba incluso la fe, sobre todo cuando se abaten sobre los inocentes", afirmó el Pontífice en su mensaje.
En ese sentido, el Papa citó a santo Tomás, cuya fe renació en contacto con las heridas de Jesús resucitado.
"Solo un Dios que nos ama hasta el extremo de tomar sobre sí nuestras heridas y nuestro dolor, sobre todo el inocente, es digno de fe", explicó Benedicto XVI antes de hacer una larga lista de las tragedias del mundo contemporáneo.
El Pontífice enumeró desde las calamidades naturales a las crisis africanas y asiáticas, con menciones específicas a Israel, la Autoridad Palestina, Irak y Líbano.
El Pontífice saludó de modo especial a los cristianos de Medio Oriente.
"No puedo olvidar -dijo- las dificultades que las comunidades cristianas afrontan diariamente, ni el éxodo de los cristianos de la tierra bendita que es cuna de nuestra fe. A aquellas poblaciones renuevo con afecto mi cercanía espiritual".
La misa de pascua que precedió a la bendición "Urbi et Orbi" fue oficiada por el Papa en la plaza de San Pedro, con cantos bizantinos y latinos y oraciones en varias lenguas, entre ellas la de un fiel árabe que hizo votos por un acuerdo entre las tres religiones monoteístas (islamismo, judaísmo y cristianismo).



