28 de febrero 2006 - 00:00

Espionaje español cree que ETA decidió dejar las armas

Un militante del partido independentista Batasuna camina frente a policías franceses enla localidad de Cibure. ETA intentará que Batasuna se beneficie del cese del fuego.
Un militante del partido independentista Batasuna camina frente a policías franceses en la localidad de Cibure. ETA intentará que Batasuna se beneficie del cese del fuego.
Madrid- ¿A qué se debe el optimismo de José Luis Rodríguez Zapatero respecto del «principio del fin» de ETA? ¿Por qué el presidente del gobierno se empeña en crear expectativas sobre una tregua que la banda terrorista frustra, día tras día, con su campaña de bombas para seguir recaudando el impuesto revolucionario? El presidente no se tiró a una pileta sin agua, aunque probablemente su error (y no es el único) es que se lanzó demasiado rápido.

El elemento clave sobre el que se basa la convicción de Zapatero de que estamos ante un nuevo escenario le fue transmitido por los servicios de seguridad del Estado el pasado mes de noviembre. Los citados servicios recibieron información fidedigna, posteriormente confirmada, de que la cúpula de ETA había mantenido una reunión en un país centroeuropeo.

Dicha reunión se celebró a principios del mes de noviembre de 2005, y en ella se habría adoptado la decisión de « explorar las vías políticas», pero sin renunciar a ninguna de las reivindicaciones políticas de la banda. Es decir, la autodeterminación, la construcción nacional de Euskal Herria y, por supuesto, la libertad de sus presos.

• Asistentes

A la reunión asistió José Antonio Urrutikoetxea, alias Josu Ternera, uno de los máximos dirigentes de ETA, con pedido de captura desde enero de 2003. También acudieron representantes del ala dura, que encabeza Mikel Garikoitz Azpiazu, más conocido como Txeroki.

Según las fuentes, en esa reunión por primera vez las tesis de Ternera se impusieron con claridad a las de los partidarios de continuar con la lucha armada.

El acuerdo fue transmitido en los días y semanas posteriores a los distintos comandos, a los presos de la organización y a la dirección de Herri Batasuna
(el partido independentista radical vasco). El dirigente abertzale que posee mayor información de los pasos que está dando ETA es, sin duda, Rafael Díez Usabiaga, líder del sindicato LAB.

Los Cuerpos de Seguridad del Estado comprobaron, efectivamente, cómo la información sobre el contenido de la citada reunión fue llegando a sus puntos de destino y cómo, poco a poco, las resistencias se fueron venciendo.

En la actualidad, según fuentes solventes, tan sólo un pequeño grupo de irreductibles (algunos de cuyos miembros se encuentran en prisión) sigue manteniendo que es mejor continuar con la lucha armada.


• Debilidad

En la reunión de noviembre, la cúpula de ETA valoró precisamente su propia debilidad y el contexto internacional, cada vez más hostil, para abandonar de momento la lucha armada. Ya a principios de junio de 2005, ETA anunció su decisión de no cometer atentados contra «los electos de los partidos políticos de España», y en febrero de 2004 había decretado una tregua limitada a Cataluña. Sin embargo, en la misma reunión ETA decidió mantener su estrategia terrorista de baja intensidad (bombas a empresas que no pagan el impuesto revolucionario) con un doble objetivo. Primero, nutrirse de fondos para una etapa de no violencia, pero en la que no va a desmovilizar a sus comandos, al menos durante un largo período (en ningún caso se descartó la vuelta a la lucha armada). Y segundo, como un medio para convencer a los dudosos de que el nuevo planteamiento no es ni mucho menos una rendición, sino que se aborda desde una posición de fuerza y en la seguridad de que se van a lograr los mismos objetivos que los han llevado a asesinar a más de 900 personas, pero por otras vías. Probablemente, reconocen las fuentes, el presidente se equivocó al convocar una conferencia de prensa en la que lanzó un mensaje demasiado optimista.

Cuatro días después de su declaración, ETA hizo estallar una bomba en una discoteca en Navarra, y 48 horas más tarde colocó otro artefacto en la localidad vizcaína de Trapagarán que fue explosionado por artificieros de la Ertzaintza (policía vasca).

Justo en el período intermedio entre esas dos explosiones, ETA elaboró un comunicado que hizo público el sábado 18 de febrero y que fue valorado por fuentes gubernamentales como «un balde de agua fría» sobre las esperanzas de paz.

Los expertos, sin embargo, consideran que el comunicado de ETA responde fielmente a su modus operandi, cuyos pasos son siempre medidos y bien calculados. Precisamente, Díez Usabiaga lo analizó de forma positiva ya que, según él, ETA adopta en él «el compromiso de superar la lucha y el conflicto por medio del diálogo».

Ese lenguaje es el que hace pensar a los expertos que todo va según lo previsto y que decisiones como las adoptadas por la Corte Suprema sobre las condenas de los etarras no abortarán la decisión de declarar una tregua que, según las fuentes, se producirá en torno al Aberri Eguna o, a más tardar, antes del verano.

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