Washington (Reuters, DPA) - El ejército de Estados Unidos publicó ayer un exhaustivo informe sobre los errores cometidos por la Administración Bush en Irak, en la fase de ocupación que comenzó una vez culminada con éxito la invasión militar del país árabe en mayo de 2003.
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En un sorprendente ejercicio de estudio histórico y autocrítica, los analistas militares acusan al liderazgo civil y uniformado que rodeaba al entonces secretario de Defensa, Ronald Rumsfeld, de no haber sabido planificar la costosa misión de ocupar el país y establecer un estado de derecho.
«Los medios militares empleados eran suficientes para destruir el régimen de Saddam Hussein; pero no eran suficientes para reemplazarlo con el tipo de Estado-nación que EE.UU. habría querido ver en su lugar», afirma el informe, disponible en Internet.
El estudio abarca los 21 meses que van desde la triunfalista declaración presidencial del «fin de las operaciones de combate» en mayo de 2003 hasta enero de 2005, un período en el que, según el texto, la estrategia del Pentágono menospreció y, a la vez, incentivó la aparición de una letal insurgencia que ha causado ya más de 4.000 muertos en Irak.
Críticas
«Las premisas sobre la naturaleza del Irak post-Saddam que sirvieron para planear la transición demostraron ser incorrectas», afirman los autores de un informe de una enorme relevancia, no tanto por su contenido -la mayoría de las críticas ha aparecido ya en otros libros sobre la guerra de Irak-, sino por quién lo firma, el Centro Combinado de las Armas del Ejército, ubicado en la base de Fort Laevenworth, Kansas.
Al entonces responsable del Pentágono, Donald Rumsfeld, se lo acusa de estar obsesionado con la «modernización» del Ejército -llevado por la «euforia de un aparentemente fácil éxito en Afganistán»-, y de no haber dispuesto un número de tropas suficientes para la misión iraquí.
En el todopoderoso equipo que rodeaba a Rumsfeld en la época -la «cábala neoconservadora» que denunció el entonces secretario de Estado, Colin Powell-, destacan su número 2, Paul Wolfowitz, y su número 3, Douglas Feith. El informe menciona varios episodios en los que ambos no atendieron las llamadas de atención de ciertos oficiales que alertaban sobre la aparición de una poderosa insurgencia que podía poner en peligro la misión, como se comprobó más tarde.
El estudio, que se basa en 200 entrevistas a mandos militares, critica abiertamente las dos primeras decisiones de L. Paul Bremer, jefe de la administración civil entre mayo y junio de 2004, de disolver el partido y el ejército de Saddam. Las medidas «crearon una bolsa de árabes suníes desafectos y desempleados», que pasaron a engrosar las filas de la insurgencia, según el texto.