Nueva York (AFP, The New York Times) - El presidente de Francia, Jacques Chirac, volvió a convertirse en el más firme opositor de George W. Bush en torno al futuro de Irak y promete transformarse en un verdadero dolor de cabeza para las aspiraciones de EE.UU. en el Consejo de Seguridad de la ONU, que busca desesperadamente hoy en la Asamblea General el apoyo del resto del mundo para continuar con la reconstrucción y la pacificación iraquíes.
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Un día antes de la reunión que mantendrá hoy con Bush, Chirac dijo que la amistad entre Estados Unidos y Francia «será siempre más fuerte que nuestras divergencias», pero se mantuvo firme en su reclamo por un rápido traspaso del poder a manos iraquíes. Por su parte, Bush tampoco cedió terreno y advirtió que no hará ninguna concesión ante la ONU a cambio de obtener el apoyo del organismo para sus planes en Irak.
Durante una entrevista en el Palacio del Elíseo, el domingo pasado, Chirac explicó que Francia pretende una transferencia simbólica de la soberanía de manos estadounidenses al Consejo Gobernante Iraquí, seguida por la cesión del poder real en los próximos seis a nueve meses. El presidente francés añadió que si el Consejo de Seguridad aprueba entregarles el poder a los iraquíes inmediatamente, Francia estaría dispuesta a adiestrar a agentes policiales y soldados iraquíes. Chirac también dijo que no tenía intención de enviar tropas a Irak, aunque sugirió que las circunstancias podrían cambiar. «No habrá solución concreta a menos que la soberanía sea transferida a Irak tan rápidamente como sea posible», dijo Chirac en la entrevista, con un pie en el avión que lo trasladaría a Nueva York, donde hoy se reunirá con Bush.
Bush pretende obtener una resolución favorable en la ONU para atraer más tropas extranjeras y fondos internacionales a Irak. Chirac dejó en claro que Francia votaría en favor de la resolución sólo si incluyera una fecha límite y un cronograma para la transferencia de la soberanía, así como un «papel clave» para Naciones Unidas. Sin la autonomía iraquí, dijo, existe la peligrosa situación de un «gobernador que es cristiano y extranjero» administrando un país árabe y musulmán, y ésa es «una situación muy difícil para que cualquier pueblo la acepte en el siglo XXI».
Para no ser menos, Bush advirtió ayer que no hará concesiones para lograr una resolución en la ONU sobre la futura reconstrucción y democratización de Irak, y que no permitirá apuros para ceder la soberanía a los iraquíes, durante una entrevista a la cadena de televisión Fox.
Preguntado acerca de si está dispuesto a dar más protagonismo a Naciones Unidas en la estabilización de Irak si con eso se logra aprobar una nueva resolución en el Consejo de Seguridad, Bush contestó: «No estoy seguro siquiera de que tengamos que hacerlo». No obstante, dijo que le gustaría «un papel y una participación más amplios de los Estados miembros de las Naciones Unidas en Irak» y puso como ejemplo al Reino Unido y Polonia, países que apoyaron la guerra, de cómo «se puede ayudar a que Irak sea más seguro». Otro funcionario estadounidense que salió al cruce de Chirac fue el administrador de Irak, Paul Bremer, quien dijo ayer que ese país no está listo para autogobernarse. «Estamos dispuestos a irnos en cuenta haya un gobierno legítimo y soberano», afirmó Bremer. «Tiene que haber una constitución escrita, seguida de elecciones democráticas», explicó. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, dijo que «nos engañamos si creemos que para derrotar al terrorismo sólo se necesita fuerza militar. Tiene que haber más en el horizonte que simplemente ganar una guerra contra el terrorismo».
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