Fuerte desafío de los "sin tierra" al gobierno de Lula
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«Mientras el gobierno no tome iniciativas para la reforma agraria, habrá ocupaciones», declaró recientemente Jaime Amorim, uno de los principales líderes del MST en el Nordeste.
En tanto, cerca de 600 «sin tierra» invadieron ayer una propiedad en Capitao Eneas, Minas Gerais (sudeste). Y otros militantes acaban de instalar el mayor campamento de la historia en el oeste del estado de San Pablo, donde prevé acoger a 20.000 personas hasta agosto en un intento que ha desatado fuerte polémica en el país.
El ideólogo de este movimiento en San Pablo es un líder histórico del MST, José Rainha, quien por su desapego a participar en la dirección del MST, su arrojo en numerosas invasiones y su gusto por las armas se ha transformado en un mito dentro del movimiento.
Pero Rainha, que ya ha reclutado 4.000 familias -en su mayoría de desocupados urbanos- para ese proyecto, tiene un plan peculiar, que -según sus críticos- pone en evidencia su peligroso fanatismo. Según él mismo dijo a la revista «Veja», planea convertir ese asentamiento cercano a la ciudad de Presidente Epitácio (San Pablo) en «una nueva Canudos».
• Fanatismo
Canudos fue el nombre de un asentamiento de fines del siglo XIX creado por un fanático místico conocido como Antonio Consejero para vivir de acuerdo con su peculiar interpretación de las Escrituras. Ese movimiento campesino, basado en el estado de Bahía, era monárquico y rechazaba la república con sus instituciones, como el matrimonio civil. Su creación y desaparición -un hecho trascendente de la historia brasileña- fue narrada por Mario Vargas Llosa en su novela «La guerra del fin del mundo».
Para eso se hizo fuerte en su localidad y rechazó con ferocidad una tras otra sucesivas expediciones militares, hasta que fue diezmada en 1897 por tropas del ejército, dejando un número de muertos cercano a los 15.000.
Según el MST, en Brasil hay cuatro millones de «sin tierra». Sin embargo, otras voces señalan que el MST está atrayendo a cada vez más desocupados urbanos, quienes tienen poco que ver con las reivindicaciones agrarias.
Quizás esto fenómeno explique en parte el fracaso económico de los emprendimientos puestos en marcha tras la fuerte distribución de tierras efectuada durante el anterior gobierno. Fernando Henrique Cardoso repartió entre 1995 y 2002 nada menos que 18 millones de hectáreas, una superficie mayor que la de Uruguay, entre alrededor de 2 millones de personas «sin tierra».



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