10 de febrero 2006 - 00:00

Hombre que desató el caso insiste con su "cruzada"

Flemming Rose afirma que no searrepiente de haber publicado las viñetasdel escándalo. Sin embargo,muchos en la propia Dinamarca calificaronesa decisión como una «provocaciónestúpida».
Flemming Rose afirma que no se arrepiente de haber publicado las viñetas del escándalo. Sin embargo, muchos en la propia Dinamarca calificaron esa decisión como una «provocación estúpida».
Copenhague- Ni el recuerdo de los años que Salman Rushdie debió permanecer oculto, condenado a muerte por la teocracia iraní, ni el del brutal asesinato del cineasta holandés Theo van Gogh, tiroteado y acuchillado por un fanático, han quebrado la voluntad de Flemming Rose. El redactor jefe del suplemento de Cultura de «Jyllands-Posten», el diario danés que publicó las polémicas caricaturas de Mahoma, sigue empecinado en su cruzada por la libertad de expresión y contra la autocensura: «Dinamarca debe defender los principios sobre los que se fundamenta nuestro modo de vida».

Una cruzada individual. Porque hasta que en estos días ha empezado a recibir el apoyo de otros medios europeos, este curtido periodista, licenciado en ruso y literatura, ex empleado de una organización danesa de ayuda a refugiados, antiguo corresponsal en Washington y Moscú, ha estado sometido a un desgaste inhumano, defendiendo casi en solitario, al menos en público, la decisión de publicar las viñetas de la ira. Doce ilustraciones, en la que se retrata, por ejemplo, a Mahoma con una bomba por turbante, que han hecho que el mundo islámico prácticamente en pleno se levante.

Mientras, Flemming Rose, que lleva protección policial, ha acudido a debates y conferencias ante audiencias claramente predispuestas en su contra, se ha reunido con imanes indignados, ha concedido entrevistas a periodistas árabes hostiles, ha sido presionado por políticos, diplomáticos y empresarios, criticado, vilipendiado y amenazado. Y no ha dado un paso atrás. «No me arrepiento de haber sacado los dibujos, ni siquiera con lo que está pasando ahora. Estoy preocupado, claro, nunca imaginé reacciones tan salvajes. Lamento que haya gente que se sienta ofendida porque no era nuestra intención, pero no debemos pedir perdón por la publicación de las viñetas.»

En realidad, para Rose, con su aspecto de adusto profesor de Filosofía, la controversia sobre las caricaturas no deja de ser un nuevo episodio en su denuncia del totalitarismo, primero desde las páginas de «Berlingske Tidende», otro de los grandes diarios clásicos de Dinamarca, y ahora desde las de «Jyllands-Posten».

A sus 47 años, encaja perfectamente en la categoría de intelectual liberal del siglo XXI, partidario de las libertades individuales y la economía de mercado, proestadounidense («Nunca un país ha hecho tanto por la humanidad y ha recibido tan poco agradecimiento», escribió recientemente), crítico con el modelo escandinavo del Estado del bienestar, enemigo de la inmigración masiva y moderadamente escéptico ante las presuntas ventajas de la sociedadmulticultural. Las crónicas de Rose durante su larga etapa de corresponsal (ocho años en Moscú y tres en Washington) no fueron meros relatos de la realidad rusa o estadounidense, sino activas contribuciones a una lucha de ideas en la que no dudó en tomar partido, irritado por lo que define como ceguera de la izquierda danesa ante los desmanes del comunismo.

• Fanatismo

«No soy experto en islam, pero veo en los islamistas algo que también veía en los bolcheviques. Un fanatismo, un dogmatismo y una disposición a monopolizar la verdad y a usar la violencia contra quienes no comparten su opinión. Tanto en el comunismo como en el islamismo subyace implícitamente que existe un enemigo humanamente inferior, sean intelectuales burgueses, campesinos o infieles. Los movimientos totalitarios son siempre pequeñas minorías. Hay un pequeño grupo al frente, muy activo y con unos valores muy firmes, que toma el poder porque la mayoría silenciosa no se le opone. Es evidente que ante el islam algunas personas permanecen en silencio o evitan pronunciarse. Y eso es lo mismo que veía en la URSS, y quizá también ahora con Putin. Ese tipo de autocensura es peligrosa.»

Esta fobia a la autocensura fue el detonante de las viñetas. «La idea -según el director de «Jyllands-Posten»- surgió de forma casi casual y partió de un redactor de tropa. Preguntamos a unos 40 ilustradores si estarían dispuestos a dibujar a Mahoma, y 12 nos contestaron que sí.»

Pese al mantra de que fue «una provocación por el mero hecho de provocar» que repiten los detractores del periódico, Rose sostiene que la publicación, el pasado 30 de setiembre, estuvo absolutamente justificada. «En el espacio de un par de semanas salieron a la luz cuatro casosclarísimos de autocensura por miedo al extremismo islámico. El autor de libros infantiles Kaare Bluitgen recibió tres negativas a ilustrar un libro sobre Mahoma, y quien al final lo hizo pidió que su nombre no figurase. Varios traductores europeos de 'Yo acuso', el libro de la diputada holandesa
Ayaan Hirsi Ali (autora del guión de la película 'Sumisión', de Theo van Gogh), también pidieron que no figurasen sus nombres.

En la Tate Gallery de Londres y en un museo de Gotemburgo se retiraron exposiciones relacionadas con el islam por miedo a ofender a los musulmanes. Y se hizo sin preguntar ni a los artistas, ni a la policía, ni a los propios musulmanes. Finalmente, en una reunión de
Anders Fogh Rasmussen, primer ministro danés, con representantes de los musulmanes de Dinamarca, un imán le rogó que actuase para que el islam fuese presentado de forma más positiva en los medios, es decir, le pidió que instaurase la censura.»

• Crisis diplomática

Armado con estos argumentos y alguno más («En esta temporada se representan tres obras satíricas dirigidas contra Bush pero ninguna sobre Bin Laden y sus aliados»), Rose firmó el artículo que acompañaba las viñetas. « Algunos musulmanes rechazan la sociedad moderna y secular», escribió, «exigen un estatus especial que tome en consideración sus sentimientos religiosos. Es una postura irreconciliablecon la democracia secular y la libertadde expresión, donde uno debe aceptarque puede ser objeto de burla, mofa y ridículo».

La polémica sobre las caricaturas, no obstante, tardó en estallar. La situación degeneró en crisis diplomática, con protestas de la Liga Arabe y la Organización de la Conferencia Islámica, y Rose empezó a quedarse solo, al menos en público. Después de recibir varias amenazas de muerte y por recomendación de la policía, los autores de las caricaturas decidieron adoptar un perfil bajísimo y prácticamente dejaron de intervenir en el debate.

Las críticas, procedentes no sólo de círculos musulmanes, arreciaron. Para Rose, los culpables de la escalada de protestas de los últimos días son «imanes radicales que viven en Dinamarca», alusión nada velada a figuras prominentes de Islamisk Trossamfund. Entre ellas, el palestino Ahmed Abu Laban y el sirio Abu Bashar, ambos refugiados políticos. O el libanés Raed Hlayhel, a quien se le concedió un permiso de residencia humanitario por tener un hijo que necesita tratamiento médico especializado.

Rose asegura que siente haber ofendido al mundo musulmán. Lo dijo en una entrevista con Al-Jazeera en la que, omisión casual o deliberada, el intérprete de la cadena no tradujo estas palabras.
Pero sigue negándose a pedir perdón por la publicación de las ilustraciones. Aunque le fallen sus aliados. El primer ministro Rasmussen dice ahora que él nunca haría caricaturas religiosas, cuando en una entrevista concedida a «Jyllands-Posten» en octubre manifestaba: «La libertad de expresión debe utilizarse para la provocación».

Hasta el director del periódico, Carsten Juste, llegó a flaquear durante unas horas: «Si hubiese sabido lo que iba a pasar, no habría sacado las ilustraciones». Cuando, en el transcurso de una entrevista televisiva, le mostraron estas declaraciones (de las que Juste más o menos se ha retractado), Rose soltó un seco: «No estoy de acuerdo».

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