3 de noviembre 2006 - 00:00

Industria del lobby palpita el resultado

El el ex líder demócrata de la Cámara baja Bob Livingstone, el ex titular de ese cuerpo Tom Daschle y el ex senador republicano Bob Dole, hoy notorios lobbystas.
El el ex líder demócrata de la Cámara baja Bob Livingstone, el ex titular de ese cuerpo Tom Daschle y el ex senador republicano Bob Dole, hoy notorios lobbystas.
Washington - «Un lobby es como una flor nocturna. Florece en la oscuridad y muere bajo el sol.» Supuestamente, Steven J. Rosen escribió esa frase en un memorando interno de AIPAC, las siglas que significan en inglés Comité de Asuntos Públicos Israelí-Americano, el grupo de presión más famoso de EE.UU.

Aunque Israel no es un caso aislado. Todo el mundo tiene su lobby o grupo de presión: China, Taiwán, los sindicatos, los indios, las mutuales sanitarias, las empresas petroleras, las de defensa, las farmacéuticas, las de transporte ferroviario... En total, en el área metropolitana de Washington hay 30.000 compañías especializadas en influir sobre el poder político, esencialmente el Congreso. O sea, 56 lobbies para cada legislador.

Estos son momentos de cambio para estas 30.000 empresas especializadas en lo que el novelista Tom Wolfe calificó como «el mercado de favores». Rosen está procesado por espionaje a favor de Israel. Y Jack Abramoff, «el hombre que compró Washington», según el semanario «Time», ya ha sido condenado a cinco años y 10 meses de cárcel, aunque tiene pendientes varios casos más.

Las víctimas no se han producido sólo por el lado de los lobbystas. El ex presidente del grupo republicano de la Cámara de Representantes Tom De-Lay tiene su carrera política liquidada y puede acabar en la cárcel por sus tratos con Abramoff. Randy Cunningham, el héroe de Vietnam en el que se basa el personaje de Maverick, que lanzó a la fama a Tom Cruise en la película «Top Gun», fue condenado en marzo a ocho años de cárcel por recibir 1,9 millón de euros de empresas del sector de defensa. Y el viernes pasado, el asesor de Bush David H. Safavian fue condenado a un año y medio de cárcel por obstruir la investigación del caso Abramoff.

Lo más que han logrado todos esos escándalos es que los lobbies se vayan al Barrio Chino para librarse de los problemas de imagen de su tradicional centro de operaciones, K Street, identificada en todo EE.UU. como una especie de pozo de corrupción. Aunque la otra razón del traslado es que el Barrio Chino está más cerca del Congreso.

Y, por tanto, es más fácil ejercer influencia sobre los políticos a base de comidas, presentaciones en PowerPoint, campañas de relaciones públicas entre las empresas o determinados sectores industriales y, si eso no funciona, viajes pagados a Escocia para jugar al golf, como en el caso de DeLay, o directamente prostitutas, en el de Cunningham.

  • Renovación

    El martes señalará una renovación del plantel en muchas de estas empresas. Ese día hay elecciones legislativas en EE.UU., y todo indica que los demócratas regresarán a los lobbies, de donde han sido parcialmente expulsados por el llamado Proyecto de K Street, ejecutado por DeLay, en virtud del cual los republicanos exigieron -no siempre con éxito- que los grupos de presión se deshicieran de sus empleados demócratas. Pero también va a haber un desembarco de republicanos expulsados del Congreso si se cumplen las encuestas que auguran una derrota para ese partido.

    Porque el lobby se basa en el concepto de puerta giratoria. A un lado, la política; al otro, el sector privado. Y el lobbysta entrando y saliendo de ambos. Todo buen lobby tiene en nómina a uno o varios ex políticos con buenos contactos en el Congreso y en la Casa Blanca. Y, si son de partidos diferentes, mejor. De hecho, en un lobby de la calle G, en el Barrio Chino, el republicano, ex candidato a la Presidencia y ex presidente del Senado Bob Dole comparte planta con el demócrata y ex presidente del Senado Tom Daschle.

    En todo EE.UU. hay 1.600 ex legisladores -la cifra también incluye a miembros de los Congresos de los Estados trabajando de lobbystas, según el Centro para la Integridad Pública.

    El lobby es, de hecho, una jubilación dorada para todo político. Si no, que se lo pregunten a Bob Livingston, que tuvo que dimitir de su cargo de presidente de la Cámara de Representantes en 1999 cuando se descubrió que había sido infiel a su esposa.

    Para los empleados normales, los horarios y las condiciones laborales de un lobby de los más importantes son similares a los de una consultora de primera línea estilo McKinsey o un banco de inversión como Goldman Sachs. Es decir: brutales.

    Un lobbysta suele trabajar 12 horas al día cinco días a la semana, si tiene suerte y no se lleva trabajo a casa el fin de semana. Y, cada 15 minutos, debe llenar una ficha explicando a su supervisor lo que está haciendo. A cambio, disfruta de un salario más que aceptable. Un becario cobra unos siete euros netos por hora, casi el doble de lo que puede lograr en una consultora normal. Un asociado -es decir, un directivo medio-, unos 70.000 euros netos al año. Un socio o un asesor -como Dole y Daschle-, al menos 120.000 euros.

    No obstante, son remuneraciones muy modestas cuando se comparan con los sueldos --frecuentemente libres de impuestos de los funcionarios consagrados a la lucha contra la pobreza en instituciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar