París (EFE, AFP) - El gobierno francés aprobó ayer el polémico anteproyecto de ley sobre la «inmigración elegida», que endurece la regularización y el reagrupamiento familiar, y cuyo principal artífice es el duro ministro de Interior, Nicolas Sarkozy. «Hay que pasar de una inmigración sufrida a una inmigración elegida», subrayó el primer ministro, Dominique de Villepin, en conferencia de prensa, tras reunir a diez de sus ministros, incluido Sarkozy, en el Comité Interministerial de Control de la Inmigración (CIC).
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El objetivo del texto -previsiblemente criticado por la izquierda-, que Sarkozy defenderá en el Parlamento la próxima primavera (boreal), es «dotar a Francia de los medios para controlar su inmigración con el fin de que ésta se convierta en un auténtico punto de partida para nuestro país», dijo De Villepin.
La futura norma prevé la apertura del mercado de trabajo con tres disposiciones. La más novedosa es la creación de un permiso de residencia de «competencias y talentos», destinado a profesionales e investigadores de alto nivel, que contribuyan al «desarrollo de la economía francesa» o al «resplandor de Francia en el mundo».
• Permisos renovables
Prevé también un permiso de trabajo trienal renovable para los trabajadores que no fueron evaluados y la posibilidad, en algunas regiones y sectores, de suspender puntualmente la regla de que no se puede reclutar a un extranjero si hay un nacional con la misma calificación.
Sobre esos tres pilares se fundamenta la « inmigración elegida», un término acuñado por Sarkozy y al que luego se sumó De Villepin, tras el enorme sobrecogimiento que supuso para Francia la oleada de manifestaciones y violencia en barrios periféricos, en octubre y noviembre últimos.
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