Insólito señuelo contra rebeldes

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Bagdad- Lo intentaron todo contra él y ahora, cuatro meses, una semana y cuatro días después de haberlo echado de Bagdad a cañonazos, hartos de buscarlo y viendo que los 25 millones de dólares ofrecidos por su cabeza no dan fruto, los norteamericanos creen haber encontrado la fórmula mágica para acabar con Saddam Hussein.

El plan implementado ayer consiste en disfrazar de rubia peligrosa al ex dictador y sembrar de carteles las calles de su Tikrit natal. En unos casos, de actriz y, en otros, de rockero, porque el plan incluye superponer la bigotuda faz del tirano en fotografías de personajes como Rita Hayworth, Zsa Zsa Gabor, Elvis Presley o Billy Idol.

«Muchos vecinos se van a desternillar de risa», explicó el teniente coronel Steve Russell. «Otros, los malos de verdad, se enfadarán muchísimo y de eso se trata: de cabrearlos para que levanten la cabeza, traten de hacernos daño y podamos cazarlos.» El teniente coronel Russell, como el resto de los miembros de la poderosa IV División de Infantería, llegó tarde a la guerra porque los parlamentarios turcos se negaron a autorizar el paso por Turquía de sus blindados.

• Jugada

Para curarse de la frustración, los de la IV División decidieron colgarse la medalla de eliminar a Saddam. Para ello, montan patrullas nocturnas y pasean por la aldea natal del ex dictador y sus alrededores, ofreciéndose como cebo a los fedayines.

Unos van a pecho descubierto, y los otros, los camuflados, marchan escondidos, observándolo todo con sus visores Saddam Hussein nocturnos y sus detectores de infrarrojos, listos para freír a balazos la primera sombra que detecten.

Algunos sostenían que la jugada ridiculizante puede ser contraproducente.
Lo que resulta muy gracioso para un bien alimentado y escéptico norteamericano puede resultar ofensivo para un enteco y acalorado árabe de las tribus sunitas que pueblan este complicado rincón de Mesopotamia.

«También será bueno para la moral de nuestras tropas», comenta el sargento David Cade, uno de los profesionales en la lucha psicológica. «
Dejará claro ante la gente de Tikrit quién manda en la calle.»

Aunque la inmensa mayoría de los iraquíes aplaudió el derrocamiento de Saddam, gran parte de ellos no oculta el pesar que le produce ver a los soldados norteamericanos ocupando su país. Existe el convencimiento de que esas tropas han llegado para quedarse, al menos mientras haya petróleo bajo las arenas del desierto.

Los iraquíes son uno de los pueblos árabes con un nacionalismo más exacerbado y están dando pruebas de que no aceptan mansamente que se les imponga un gobierno que no refleje la correlación local de fuerzas.

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