Irak: ataque a un santuario chiita agrava la guerra

Mundo

Bagdad (EFE, Reuters, AFP, ANSA) - Un ataque insurgente contra un mausoleo chiita en Samarra, el segundo que sufre ese santuario en apenas 16 meses, desató ayer generalizados temores a que recrudezca aun más la violencia entre chiitas y sunitas en Irak, escenario que podría sellar el saldo de la intervención estadounidense en el país.

Esos temores se expresaron en las primeras horas posteriores al atentado, en el que fueron derribados dos alminares de ese templo, con los llamados del gobierno del chiita Nuri al-Maliki y de los principales líderes de esta comunidad a la contención y a la calma.

Con todo, varias bombas estallaron en tres mezquitas sunitas, entre ellas la Gran Mezquita de Iskanderiya, 50 kilómetros al sur de Bagdad, que quedó virtualmente destruida. Otras dos mezquitas sunitas fueron incendiadas en el barrio bagdadí de Bayaa. Otras fuentes dijeron que en el barrio de Zaiyuna, en la parte este de Bagdad, fue incendiada otra mezquita sunita.

La televisión árabe Al-Arabiya reportó enfrentamientos en los barrios de Bayaa y Saidiya, en el norte de la capital.

Ante estos inquietantes episodios, el gobierno iraquí decretó un toque de queda indefinido, que entró en vigor a las 15 hora local, para evitar que se reproduzcan las reacciones de ira que siguieron a la explosión de la cúpula de este mausoleo el 22 de febrero de 2006.

Aquel atentado supuso el punto de inflexión en la violencia confesional en Irak, ya que los chiitas pasaron a la ofensiva contra los sunitas, cuando hasta entonces ellos habían sido principalmente las víctimas del odio religioso.

La Casa Blanca se apresuró a condenar el atentado y manifestó su preocupación ante el riesgo de una nueva espiral de violencia sectaria que podría definir la derrota estadounidense en la guerra.

«Está claro que alguien trató de nuevo de servirse de ese lugar santo para, literalmente, intentar hace volar en pedazos la democracia iraquí, y es realmente necesario que los iraquíes resistan ese llamado», declaró el vocero presidencial, Tony Snow, a la prensa. Esta «provocación», que tiene «todas las marcas distintivas de Al-Qaeda», es muy alarmante, reconoció. «Esperemos que no haya una nueva ola de violencia», dijo.

  • Sin víctimas

    Según fuentes policiales de la provincia de Salahedin, donde se encuentra Samarra, no hubo víctimas en el ataque de ayer, perpetrado con algún artefacto en el interior del templo, aunque sí graves daños sobre los alminares, que además fueron atacados antes de la explosión por fuego de morteros.

    «Los dos alminares junto a la cúpula dorada del santuario se desplomaron por los proyectiles de mortero y una carga explosiva», dijo un testigo. Todavía se desconoce cómo los autores del atentado pudieron introducirse para llevar a cabo su acción en el santuario, que está fuertemente custodiado por las tropas iraquíes las 24 horas del día.

    Las autoridades locales de Samarra impusieron el toque de queda en esta ciudad de mayoría sunita, después de que una multitud de chiitasenfurecidos comenzó a congregarse en tornoal mausoleo en señal de protesta. Las fuerzas de seguridad tuvieron que disparar al aire para dispersar a los manifestantes.

    También en Bagdad se decretó la misma restricción, mientras los líderes de las comunidades apelaron, en líneas generales, a la calma.

    La máxima autoridad chiita de Irak, el ayatolá Ali Sistani, pidió «autocontención» a sus seguidores tras el atentado, y publicó una « fatwa» prohibiendo cualquier acto de venganza.

    «Llamamos a todos los iraquíes a que eviten ser arrastrados a la sedición confesional», dijo Sistani, en una de sus raras intervenciones en la vida política del país.

    Por su parte, el clérigo radical chiita Muqtada al-Sadr pidió, a través de uno de sus portavoces, tres días de duelo nacional para que los iraquíes expresen su condena al bombardeo y culpó al gobierno de Al-Maliki y a las fuerzas multinacionales presentes en Irak de este ataque. Fuera del país, destacó la reacción del gobierno iraní, con vínculos con el gobierno de Maliki, que condenó «rotundamente» la acción. «Condenamos rotundamente este atentado y lo vemos como un gesto del rencor de los enemigos de la unidad de Irak y del gobierno de Irak», dijo el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mohammed Ali Hosseini.
  • Dejá tu comentario