Dos muñecos ridiculizando al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, dominaron la manifestación sindical ayer en Roma.
Roma (EFE, AFP, Reuters, ANSA, DPA) - Los sindicatos italianos paralizaron ayer la mayor parte de la actividad industrial y los servicios públicos del país con una huelga general contra una reforma laboral aprobada por el gobierno de Silvio Berlusconi.
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Centenares de miles de personas se manifestaron paralelamente en las principales ciudades de Italia, que no vieron modificada su imagen habitual, ya que los pequeños comercios se mantuvieron ajenos al paro y abrieron sus puertas con normalidad. Pese a que los datos sobre el seguimiento están destinados a desembocar en la habitual «guerra de cifras», la apreciación general es que la huelga, la primera de carácter general convocada en Italia en los últimos 20 años, tuvo una amplia repercusión.
Prueba de las informaciones contradictorias son los datos del paro en la principal empresa del país, Fiat, ya que mientras la dirección lo situó en 43,8 por ciento, los sindicatos lo elevaron hasta 90 por ciento.
• Adhesión
En cualquier caso, nadie discute que el sector industrial y los servicios se sumaron globalmente a la huelga, con la reducción de la producción en la mayor parte de fábricas y el cierre de la totalidad de oficinas públicas, bancos y centros de enseñanza. En los hospitales sólo se atendieron las urgencias.
Los transportes aéreos -con la cancelación de la mayoría de vuelos-, marítimos, ferroviarios y por carretera quedaron también paralizados, con reducidos servicios mínimos, que no funcionaron en las autopistas de peaje, por las que la circulación fue gratuita. Tampoco salieron los periódicos, excepto algunas cabeceras vinculadas con el primer ministro o el rotativo vaticano «L'Osservatore Romano», mientras que la radio y la televisión, incluidas las que son propiedad de Berlusconi, emitieron sólo informativos reducidos.
• Manifestaciones
Centenares de miles de trabajadores expresaron su protesta en decenas de manifestaciones en las principales ciudades italianas, con los líderes sindicales al frente, dispuestos a hacer valer la presión de esta movilización sobre el gobierno. Sergio Cofferati, secretario del sindicato mayoritario CGIL (ex comunista), afirmó en Florencia que el Ejecutivo «está obligado a cambiar su línea y advirtió que no pararán hasta que no hayan conseguido sus objetivos.
«Las propuestas del gobierno son de restauración presentadas como modernas reformas», dijo Cofferati ante 400.000 personas, según los sindicatos, 200.000, según la policía, tras comparar a Berlusconi con Margaret Thatcher y Ronald Reagan.
• Diálogo
Tras la jornada de protesta Berlusconi se mostró partidario del diálogo social, pero subrayó que las reformas que promueve su gobierno son «necesarias». Según dijo, pretende continuar impulsando un paquete de reformas estructurales en materia económica, fiscal y laboral, para favorecer la flexibilidad y la competitividad productivas.
El controvertido proyecto de reforma laboral prevé la suspensión por cuatro años del artículo 18 del Estatuto de los Trabajadores, que prohíbe el despido sin causa justificada, en una serie de casos específicos.
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