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Toshikazu Sugaya, feliz por su liberación.
La ministra de Justicia, Keiko Chiba, se mostró hoy dispuesta a revisar los métodos de interrogatorio y la recolección de pruebas, para evitar en un futuro más confesiones falsas y casos como el de Sugaya. "Hay que revisar de forma sistemática y legal el análisis de las pruebas y tomar en cuenta la posibilidad de filmar los interrogatorios", admitió.
Según los medios, sin embargo, la reforma no parece contar con tanto apoyo entre las autoridades judiciales. Los fiscales japoneses suelen perseguir un caso sólo cuando están seguros de que terminarán ganándolo. Por eso apuestan tan fuerte por las confesiones, denuncian defensores de los derechos humanos que no dudan en hablar de tortura psicológica a los sospechosos.
"Soy un ciudadano normal que nunca había tenido problemas con la policía", citaron los medios a Sugaya. "Pero me transformaron en un criminal y me enviaron a prisión". El conductor oriundo de Ashikaga, unos 80 kilómetros al norte de Tokio, confesó el crimen tras eternos interrogarios, pero luego retiró la confesión y se declaró inocente.
"Las confesiones forzadas son la principal causa de condenas falsas. Pero también los tribunales tienen la culpa de no dudar de ese tipo de confesiones", dijo a la agencia de noticias Kyodo un condenado por robo y asesinato. También él admitió la acusación y se encuentra ahora a la espera de que se reanude el proceso.
La condena de Sugaya a prisión perpetua fue revisada y confirmada en 1996 por la instancia inmediatamente superior. Lo mismo hizo en 2000 el Tribunal Supremo. El caso tuvo un punto de inflexión en 2009, cuando uno de sus defensores pidió un nuevo análisis de ADN que aportó la prueba definitiva de que Sugaya no era el asesino.
Esto sentó las bases para que el proceso se reabriera en junio del año pasado. Los tres jueces se inclinaron ante el falso culpable y le pidieron perdón.


