12 de mayo 2003 - 00:00

La Casa Blanca no perdona a los que se opusieron a la guerra

Washington - Estados Unidos sigue sin perdonar a los países que no lo apoyaron antes y durante la guerra de Irak, y mantiene su postura, incluso a medida que se acerca el próximo viaje del presidente George W. Bush a Europa.

Desde el final de la guerra en Irak, la Casa Blanca mantuvo al pie de la letra la regla de premiar a sus aliados y castigar a los que se opusieron a sus planes. En este sentido, los jefes de gobierno de España, Dinamarca, Qatar, Australia, Filipinas o Japón han disfrutado, o van a disfrutar, de la hospitalidad de Bush o de llamadas telefónicas, en una apretada agenda de reuniones que sirven a Washington para agradecer el apoyo.

Todo lo contrario ocurrió con Alemania y sobre todo Francia, considerada la «mala oficial» por la Casa Blanca.
Desde bastante antes de la guerra, Bush no se reúne con dirigentes de otros países opuestos a su política en Irak. Un nuevo ejemplo de esta política fue la reunión que Bush mantuvo el jueves pasado con los ministros de Exteriores de los siete nuevos miembros de la OTAN (Estonia, Letonia, Lituania, Eslovenia, Eslovaquia, Rumania y Bulgaria).

Bush, que destacó que los países de Europa Central y del Este «han estado al lado de Estados Unidos en Irak», siguió así con su estrategia de atraer y separar a esas naciones del eje franco-alemán que domina la Unión Europea y se opone a veces a EE.UU. en el seno de la OTAN
.

«El gobierno (de EE.UU.) considera importante demostrar que cuando alguien se pone en su camino va a pagar un precio», señaló James Lindsay, subdirector de Estudios Internacionales del Brookings Institution, un centro privado de estudios políticos de Washington.

El anuncio de Bush, hecho el viernes pasado, de proponer un acuerdo de libre comercio con los países de Oriente Medio sería también un premio por el apoyo que la gran mayoría de países árabes dio a la guerra que derribó a Saddam Hussein.

Para Lindsay, un ejemplo claro de esta política es el presidente del gobierno español, José María Aznar, quien «ahora está en el segundo puesto de las listas de popularidad de la Casa Blanca, sólo por detrás del mismísimo Tony Blair», primer ministro británico. En cambio, Bush no se animó a tomar represalias contra Rusia y China, países que también se opusieron a EE.UU. en el Consejo de Seguridad de la ONU pero a los que Washington necesita para controlar el desafío nuclear de Corea del Norte y, en el caso ruso, para la peliaguda cuestión del programa atómico iraní.

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