La Casa Blanca no perdona a los que se opusieron a la guerra
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Todo lo contrario ocurrió con Alemania y sobre todo Francia, considerada la «mala oficial» por la Casa Blanca. Desde bastante antes de la guerra, Bush no se reúne con dirigentes de otros países opuestos a su política en Irak. Un nuevo ejemplo de esta política fue la reunión que Bush mantuvo el jueves pasado con los ministros de Exteriores de los siete nuevos miembros de la OTAN (Estonia, Letonia, Lituania, Eslovenia, Eslovaquia, Rumania y Bulgaria).
Bush, que destacó que los países de Europa Central y del Este «han estado al lado de Estados Unidos en Irak», siguió así con su estrategia de atraer y separar a esas naciones del eje franco-alemán que domina la Unión Europea y se opone a veces a EE.UU. en el seno de la OTAN.
Para Lindsay, un ejemplo claro de esta política es el presidente del gobierno español, José María Aznar, quien «ahora está en el segundo puesto de las listas de popularidad de la Casa Blanca, sólo por detrás del mismísimo Tony Blair», primer ministro británico. En cambio, Bush no se animó a tomar represalias contra Rusia y China, países que también se opusieron a EE.UU. en el Consejo de Seguridad de la ONU pero a los que Washington necesita para controlar el desafío nuclear de Corea del Norte y, en el caso ruso, para la peliaguda cuestión del programa atómico iraní.




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