Palmira Basha tiene 63 años, es argentina y hace un mes y medio viajó a una Siria devastada por la guerra civil para sacar del país a sus ocho nietos, pero todavía no pudo rescatarlos porque la embajada de la Argentina está cerrada y sus familiares no tienen pasaporte válido para salir de Damasco. "Necesito pasaportes de emergencia para que mis nietos puedan salir de acá", pidió.
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La embajada de Chile en Siria, sin embargo, está ayudando a los que están en la misma situación. Según Basha, el país "está lleno de argentinos". Algunos de ellos pudieron refugiarse en Beirut, El Líbano, donde la mujer también está buscando ayuda.
La abuela contó en declaraciones a TN y a radio La Red que pudo iniciar los trámites para que les otorguen la nacionalidad argentina a sus nietos "hace mucho tiempo", lo que les facilitaría la huída, pero aún no obtuvo respuesta. Asimismo, su familia necesita conseguir los u$s 2.000 que se necesitan, por persona, para comprar los pasajes que los llevarían a Buenos Aires.
Hasta el momento, tres de sus nietos pudieron escapar al Líbano, pero los otros cinco esperan una solución en el centro de Damasco, junto con "millones de personas" que se quedaron sin hogar y vagan por las calles, sin poder escaparse a territorios limítrofes por que "ningún país vecino recibe a los sirios".
Con pesadumbre, Basha también contó que sus nietos, que tienen entre 1 y 14 años, "ya se acostumbraron a la guerra". Siria está sumida en niveles de violencia que llegan a todos los rincones del país y comienzan a volverse comunes. Hace poco, contó la mujer, explotó una bomba a unos 150 metros de su residencia.
Entre las atrocidades que conlleva el conflicto no están sólo los enfrentamientos entre los rebeldes y las fuerzas de Al Asad. En las últimas semanas también surgió una ola de secuestros aleatorios. "Están secuestrando a cualquier persona y después piden dinero", detalló Basha. Ya lo intentaron con uno de sus familiares.
La mujer tiene cinco hijos, de los cuales dos pudieron huir a Egipto, aunque tuvieron que dejar a sus esposas y descendientes atrás. El resto sigue en Siria. Uno de ellos permanece hace días refugiado en la universidad donde es profesor porque el temor a que intenten secuestrarlo otra vez le impide salir.
Además de la ola de secuestros, conseguir los víveres necesarios para vivir en Siria es cada vez más difícil. No sólo porque es peligroso salir a la calle, sino por los altos precios. "Cuesta mucho conseguir víveres porque están diez veces más caros de lo normal", dijo Basha.
La situación en Siria es cada vez más tensa. Mientras EEUU asegura que el régimen de Bashar al Asad utilizó armas químicas contra civiles y aguarda la autorización del Congreso para intervenir en Medio Oriente, el gobierno de Damasco advirtió que no se rendirá aunque estalle la tercera Guerra Mundial.
Basha contó que, más allá de los ataques que pueda haber, "los sirios no tienen ninguna esperanza de que esto vaya a terminar" y que "entró mucha gente que no se sabe de dónde es". "Esto ya no tiene que ver con el gobierno o con quien esté a favor o en contra", expresó.
En tanto, la abuela mantiene conversaciones con la embajada argentina en El Líbano para encontrar una salida al drama que, hace casi dos años, atormenta a Siria.
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