10 de diciembre 2019 - 00:01

La guerra de EE.UU. en Afganistán: 18 años de despilfarro y mentiras

El diario The Washington Post tuvo acceso a 2.000 documentos secretos en donde los funcionarios a cargo de la ofensiva reconocían estar perdiendo, pese a que la versión pública oficial indicaba lo contrario.

SIN TREGUA. La invasión por parte de EE.UU. a Afganistán sumó combustible a una situación ya volátil, y desde entonces la violencia ha ido escalando. En Kabul son frecuentes los atentados con explosivos. Aunque es difícil determinar, una estimación de Naciones Unidas sostiene que 32.000 civiles perdieron la vida en la guerra.

SIN TREGUA. La invasión por parte de EE.UU. a Afganistán sumó combustible a una situación ya volátil, y desde entonces la violencia ha ido escalando. En Kabul son frecuentes los atentados con explosivos. Aunque es difícil determinar, una estimación de Naciones Unidas sostiene que 32.000 civiles perdieron la vida en la guerra.

Washington - Los sucesivos gobiernos de Estados Unidos han declarado públicamente desde 2002 que están haciendo progresos contra los insurgentes en Afganistán, mientras admiten lo contrario en privado, informó el diario Washington Post en una importante investigación.

Titulado “En guerra con la verdad”, este artículo se basa en casi 2.000 documentos de la Inspección General Especial para la Reconstrucción de Afganistán (Sigar), creada en 2008 para revisar los gastos abusivos relacionados con el conflicto en ese país. Las entrevistas con funciona-

rios involucrados en los esfuerzos de guerra y reconstrucción evocan un presupuesto gastado sin control, en un país sin un gobierno central fuerte, lo que alimentó la corrupción generalizada y llevó a la población a rechazar la coalición internacional (Isaf) para volcarse hacia los talibanes.

El entonces presidente George W. Bush ordenó la invasión del país asiático en 2001 tras los atentados perpetrados por Al Qaeda en Nueva York ya que sus líderes eran protegidos por los talibanes. Pero a medida que avanzaba la guerra, los objetivos y la misión fueron mutando. Mientras algunos funcionarios querían usar el conflicto para convertir a Afganistán en una democracia, otros abogaban transformar la cultura y mejorar los derechos de las mujeres, o alterar el equilibrio de poder regional. Y tampoco sabían quién era el enemigo.

“No veo quiénes son los malos”, se quejó el exsecretario de Defensa Donald Rumsfeld el 8 de septiembre de 2003, en los memorandos a los que tuvo acceso el periódico. “Somos lamentablemente deficientes en inteligencia humana”, se lee.

“Desde los embajadores hasta el personal de campo, (los funcionarios estadounidenses dicen que) estamos haciendo un gran trabajo. ¿Realmente? Porque si estamos haciendo un gran trabajo, ¿por qué sentimos que estamos perdiendo?” se pregunta en 2015 el general Michael Flynn, quien ha llevado a cabo varias misiones de inteligencia en el país.

Un oficial superior, identificado como el coronel Bob Crowley, asesor principal de la Isaf en 2013-2014, explica en 2016 que “cada dato se transformó para dar la mejor imagen posible”.

“Las encuestas, por ejemplo, no eran del todo confiables, pero reforzaban la idea de que todo lo que estábamos haciendo estaba bien”, aseguró.

Para Douglas Lute, quien ejerció de alto mando de la Casa Blanca en la guerra durante las administraciones de George W. Bush y Barack Obama en el Consejo de Seguridad Nacional (2007-2014), la misión de reconstrucción sufrió una falla de diseño. “No teníamos una comprensión básica de Afganistán, no sabíamos lo que estábamos haciendo”, sostuvo. “Si los estadounidenses supieran la magnitud de esta disfunción...2.400 vidas perdidas. ¿Quién va a decir que eso fue en vano?”.

Desde 2001, más de 775.000 soldados estadounidenses fueron desplegados en Afganistán, muchos en repetidas ocasiones. De ellos, 2.300 murieron in situ y 20.589 resultaron heridos en acción, de acuerdo con cifras del Departamento de Defensa compartidas por el periódico. Este último junto al Departamento de Estado y la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), gastaron desde 2001 entre 934.000 y 978.000 millones de dólares, de acuerdo con estimaciones de la Universidad Brown, de Rhode Island.

“¿Qué obtuvimos por este esfuerzo de $1 billón? ¿Valió la pena $1 billón?”, preguntó Jeffrey Eggers, un miembro retirado del Navy SEAL y de la Casa Blanca que trabajó para Bush y Obama, a los entrevistadores del Gobierno. Añadió: “después del asesinato de Osama bin Laden, dije que Osama probablemente se estaba riendo en su tumba acuosa teniendo en cuenta cuánto hemos gastado en Afganistán”, afirmó.

De acuerdo con el periódico, varios de los consultados describieron “los esfuerzos explícitos y sostenidos” de los sucesivos gobiernos “para engañar deliberadamente al público”. “Dijeron que era común en el cuartel general militar en Kabul, y en la Casa Blanca, “distorsionar las estadísticas para hacer parecer que Estados Unidos estaba ganando la guerra cuando ese no era el caso”.

La difusión del informe ocurrió en momentos que Estados Unidos reanuda en Catar las negociaciones con los talibanes, tres meses después de que Donald Trump interrumpiese de manera abrupta los esfuerzos diplomáticos para poner fin al conflicto más largo de la historia de su país. El 7 de septiembre, el presidente republicano prometió “poner fin a las guerra sin fin” y anunció un repliegue de los soldados desplegados.

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