Alvaro Uribe asumió ayer la presidencia de Colombia bajo una cruenta ofensiva terrorista, que dejó un elevado saldo de muertos y heridos. Los atentados se produjeron en las inmediaciones de la Casa de Gobierno de Bogotá, lo que según analistas constituye el anticipo de una escalada de la guerra civil que sacude a ese país. Uribe, quien goza de un apoyo popular de 77%, ha prometido aplicar mano dura contra las guerrillas que operan en Colombia y ayer, durante su jura, condicionó cualquier eventual diálogo de paz a la declaración de un cese del fuego. El nuevo mandatario ha logrado que EE.UU. refuerce su ayuda militar y planea incorporar a un millón de civiles a la lucha contra la insurgencia.
Bogotá (EFE, Reuters, DPA, AFP) - Dieciséis personas murieron y otras 24 resultaron heridas ayer luego de que tres bombas estallaran en Bogotá, a metros del recinto en donde asumía la presidencia Alvaro Uribe, en lo que se entiende como el comienzo de convulsionadas relaciones con la guerrilla de las FARC, a quien el flamante mandatario ha prometido combatir con mano dura. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que el año pasado declararon objetivo militar al nuevo presidente, ya habían comenzado a recrudecer sus ataques, en particular en la última semana, como un mensaje de lo que Uribe deberá enfrentar.
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En su discurso de asunción Uribe habló acerca de las medidas que el nuevo gobierno tomará para combatir la violencia generada por las guerrillas de las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), y los paramilitares de extrema derecha. Para contrarrestarlos, Uribe prometió una combinación de fortalecimiento militar -ha indicado que pretende duplicar de 200.000 a 400.000 el número de efectivos-y de una negociación política que sería liderada por las Naciones Unidas. En ese sentido, el flamante presidente anunció que su gobierno continuará el Plan Colombia de lucha contra el narcotráfico, y extendido a la guerrilla con el apoyo de Estados Unidos. Luego de jurar, Uribe anunció haber «solicitado al secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, los buenos oficios de la institución para buscar el diálogo útil a partir de un alivio para la sociedad que debe ser el cese de hostilidades». Uribe presentó también un proyecto de reforma política que incluye otorgar curules legislativas a los rebeldes que se acojan a un plan de paz.
En tanto, trece personas murieron en una explosión que se produjo al lado del Instituto de Medicina Legal, a tres cuadras de la Casa de Nariño, sede de la presidencia colombiana, y según explicaron funcionarios, se trataría de indigentes que estaban en ese lugar. Por su parte, otras tres personas perdieron la vida en una explosión ocurrida en otro sector de la capital colombiana.
Minutos antes, cuatro policías habían sido heridos al estallar tres artefactos explosivos, de los cuales al menos uno explotó en la parte exterior de la Casa de Nariño, informaron fuentes policiales citadas por la prensa presente en el lugar.
Las explosiones se produjeron casi simultáneamente con la llegada de Uribe a la sede del Congreso -a unos 100 metros de la Casa Presidencialdonde unos minutos más tarde asumió como presidente. Las autoridades desactivaron otros dos artefactos colocados por desconocidos en dos calles del centro de Bogotá. Según versiones de prensa, los artefactos eran cilindros-bomba lanzados desde un sector aledaño al Congreso y al Palacio de Nariño, en cuya parte posterior y en el estacionamiento impactaron una de las bombas. Al lugar llegaron unidades antiexplosivos, soldados y varias ambulancias, mientras que un helicóptero de la Fuerza Aérea sobrevolaba la zona.
•Apoyo
Uribe asumió la presidencia con el apoyo sin precedentes de una población que le dio su voto para que enfrente a los grupos armados irregulares y restablezca el orden en un país desgarrado por un conflicto interno de cuatro décadas.
A los 50 años, este abogado signado por la violencia, llegó a su cargo con un amplio respaldo popular que se tradujo en una votación de 53 por ciento en las elecciones de mayo pasado, lo que le permitió ganar en la primera vuelta, un hecho inédito en el país. Su llegada ha despertado grandes expectativas entre los 42 millones de colombianos, con la promesa de un combate integral contra los grupos violentos y una reforma política, que es considerada necesaria para eliminar o al menos reducir los altos niveles de corrupción. Según un informe publicado en la última jornada por el diario «El Tiempo» de Bogotá, Uribe llega a su cargo con una popularidad de 77 por ciento, la más alta de que ningún mandatario haya dispuesto jamás en el país.
A pesar del asesinato de su padre a manos de la guerrilla y de los atentados de que ha sido víctima, dice que no tiene rencores ni odios en su alma y que, pese a los ataques de sus críticos, mantiene la tranquilidad. Fiel a un estilo en que no caben las celebraciones y sí el trabajo duro, Uribe anunció que radicará su primer proyecto de ley, el de la reforma política, que analistas consideran podría generarle problemas, pues pretende reducir el Congreso de los 268 parlamentarios actuales a 150. También en la economía Uribe tendrá otro reto formidable, pues recibe un país con su crecimiento casi nulo, una cifra de 50 por ciento entre desempleados y subempleados y una deuda externa equivalente a 48 por ciento del PBI, todo ello en el contexto de una crisis galopante en el resto de América latina.
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