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Ya lo explica en las páginas del diario «Le Monde» el líder del grupo Psy 4 de la Rime: «En nuestros barrios tenemos una sola manera de expresarnos: la violencia. Unos eligen la física. Otros preferimos la verbal o la musical».
¿Incitadores o testigos? ¿Provocadores o trovadores? La línea divisoria es bastante sutil, como es bastante discutible la sacralización de los bienes de consumo implícita en el repertorio de los raperos franceses.
No todos los colegas están de acuerdo. Los hay como Psy de la Rime que admiten una responsabilidad ante los adolescentes y que parecen abiertos a la autocrítica.«Nuestro público tiene entre 10 y 16 años, de modo que hemos de tener presente el modo en que podemos condicionar su modo de pensar y de expresarse, porque esto se puede ir de las manos», dicen los raperos.
Con una condición: la cabeza de Sarkozy. El ministro del Interior se ha convertido en un personaje innombrable. Ya figuraba en muchas versiones apócrifas del rap callejero, pero ahora lo detestan como a un demonio inquisidor.
Aunque la jerarquía moral de los bajos fondos de Seine-Saint-Denis nada tiene que ver con los cánones tradicionales de los angelitos ni con el Belén navideño. El mito local se llama Al Pacino. Mejor dicho: Al Pacino haciendo de Tony Montana en «Scarface» (Brian de Palma).
Es verdad que la película se estrenó hace 21 años y que no tendría que formar parte del acervo cultural de la periferia adolescente de París, pero una canción incendiaria del rapero Akhenaton lo ha resucitado. Particularmente, por una sentencia del filme que muchos guerrilleros consideran el primero de sus diez mandamientos: «Tengo las manos hechas para el oro, pero ahora están llenas de mierda».
Así es que Akhenaton ofrece alguna soluciones incendiarias para convertir la mierda en oro y el cantante franco-senegalés Disiz La Peste, arraigado a su pesar o a sumo gusto en las noches ebrias de las dos últimas semanas, dice: «Yo respiro cuando incendio».




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