14 de noviembre 2005 - 00:00

¿La música contribuyó a la revuelta?

París - «Vamos a fornicarnos a Francia hasta que nos ame.» Este principio de reciprocidad interruptus figura en las canciones subversivas -así las llamaría el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy- de Tandem, un grupo rapero de la periferia parisina que reivindica la testosterona como remedio a la miserable precariedad.

Son la banda sonora de la rebelión. Involuntaria y premonitoriamente, porque llevan haciendo música de combate mucho antes de que Sarkozy ocupara su despacho en el nombre de la tolerancia cero. El problema es que Sarko no escucha el rap ni va al fútbol para percatarse de las realidades suburbiales. Tampoco debe haber visto «El odio», una película visionaria de Mathieu Kassovitz que planteaba hace 10 años la hostilidad entre los guerrilleros de los suburbios parisinos y la policía. Lo hacía en clave cinematográfica y musical, porque algunas canciones del filme, como «

Sacrifice de poulet» y «Brigitte, femme de flic» se escuchan en el departamento incendiario de Seine-Saint-Denis, origen de la guerrilla urbana, con una actualidad impresionante.

Ya lo explica en las páginas del diario «Le Monde» el líder del grupo Psy 4 de la Rime: «En nuestros barrios tenemos una sola manera de expresarnos: la violencia. Unos eligen la física. Otros preferimos la verbal o la musical».


Hay algunos ejemplos reveladores. Por ejemplo, las canciones que los miembros de Supreme NTM publicaronhace una década en el álbum sintomático «París bajo las bombas»: «¿Hasta cuándo va a durar la situación?/ ¿Cuándo va a reventar todo?/ Ustedes querían la guerra de los mundos y aquí la tienen/ ¿Qué esperamos para prender el fuego?».

No hace falta decirlo, pero los miembros de Supreme NTM nacieron en el Seine-Saint-Denis y ocupan el altar de los adolescentes a cuenta de las consignas transgresoras.

¿Incitadores o testigos? ¿Provocadores o trovadores?
La línea divisoria es bastante sutil, como es bastante discutible la sacralización de los bienes de consumo implícita en el repertorio de los raperos franceses.

Los jóvenes de los suburbios viven rodeados de mensajes publicitarios y de tentaciones inaccesibles. Los envuelve una realidad que al mismo tiempo les resulta ajena. «Somos tipos que miramos MTV y que nos atrae el modelo americano. Queremos un buen coche, un buen reloj. Pero no tenemos medios para conseguirlos», explica el cantante nigeriano Fefé, en nombre del grupo Saïan Supa Crew.

No todos los colegas están de acuerdo. Los hay como Psy de la Rime que admiten una responsabilidad ante los adolescentes y que parecen abiertos a la autocrítica.«Nuestro público tiene entre 10 y 16 años, de modo que hemos de tener presente el modo en que podemos condicionar su modo de pensar y de expresarse, porque esto se puede ir de las manos», dicen los raperos.

Con una condición: la cabeza de Sarkozy. El ministro del Interior se ha convertido en un personaje innombrable. Ya figuraba en muchas versiones apócrifas del rap callejero, pero ahora lo detestan como a un demonio inquisidor.

Aunque la jerarquía moral de los bajos fondos de Seine-Saint-Denis nada tiene que ver con los cánones tradicionales de los angelitos ni con el Belén navideño. El mito local se llama
Al Pacino. Mejor dicho: Al Pacino haciendo de Tony Montana en «Scarface» (Brian de Palma).

Es verdad que la película se estrenó hace 21 años y que no tendría que formar parte del acervo cultural de la periferia adolescente de París, pero una canción incendiaria del rapero Akhenaton lo ha resucitado. Particularmente, por una sentencia del filme que muchos guerrilleros consideran el primero de sus diez mandamientos: «Tengo las manos hechas para el oro, pero ahora están llenas de mierda».

Así es que Akhenaton ofrece alguna soluciones incendiarias para convertir la mierda en oro y el cantante franco-senegalés Disiz La Peste, arraigado a su pesar o a sumo gusto en las noches ebrias de las dos últimas semanas, dice: «Yo respiro cuando incendio».

Dejá tu comentario

Te puede interesar