22 de junio 2005 - 00:00

La triste memoria del Ku Klux Klan

Filadelfia (AFP) - El Ku Klux Klan (KKK), una organización racista y violenta que llegó a tener hasta dos millones de miembros en 1920, sigue rondando en la memoria de los estadounidenses, aunque ya pertenece al pasado.

Fundado en 1866 en Tennessee, el KKK evoca el recuerdo del sur esclavista del país, y se distingue por sus rituales, entre ellos marchas con antorchas, además de sus vestidos y cogullas blancas con símbolos astrológicos.

El KKK se transformó al poco tiempo en una fuerza paramilitar bajo el liderazgo de ex oficiales del sur, del cual el general Nathan Bedford Forrest fue el primer «gran brujo imperial» del «imperio invisible».

El objetivo de la organización era aterrorizar a los antiguos esclavos, que lograron su libertad en 1867, y de «poner fin al dogma de la igualdad racial».
Sus miembros encapuchados pretendían reconquistar por la violencia lo que una cruenta guerra civil y las urnas les habían quitado: la supremacía blanca en el sur.

Ese primer KKK empezó a desaparecer progresivamente, mientras los conservadores del sur, aliados entonces del Partido Demócrata, volvieron a las andadas e instauraron leyes segregacionistas inflexibles.

En 1915 emergió un nuevo KKK, que atacó no sólo a los negros, sino también a la Iglesia Católica, a la que acusaban de maquinaciones antiestadounidenses,a los judíos, a los nuevos inmigrantes y a todos los que enfrentaran el orden moral establecido.

A comienzos de los años '20, este KKK atrajo a millones de simpatizantes, incluidos influyentes políticos. En agosto de 1925, 40.000 de sus miembros desfilaron delante de la Casa Blanca.

Pero discrepancias, escisiones y escándalos empezaron a debilitar la organización hasta hacerla casi desaparecer a finales de los años treinta.

Sin embargo,
el KKK reapareció en 1945 en algunos estados del sur, y el movimiento de reivindicación de los derechos civiles, durante los '60, fue el escenario que eligió para manifestarse de nuevo. Aprovechando la complacencia de las autoridades locales, los extremistas blancos se lanzaron contra los adversarios de la segregación.

Pero sus actos violentos chocaron contra la opinión de la sociedad norteamericana, y llevaron a su marginación.

En 1963, la explosión de una bomba en una iglesia de Alabama mató a cuatro niñas, y en 1964 tres jóvenes militantes de los derechos civiles, dos judíos y un negro, fueron asesinados en Mississippi (ver vinculada).

Hoy, los herederos del KKK no son más que un puñado dividido en grupúsculos, a veces violentos, pero incapaces de pesar en la sociedad norteamericana contemporánea
, que en buena medida logró superar la lacra del racismo.

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