La triste memoria del Ku Klux Klan
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El objetivo de la organización era aterrorizar a los antiguos esclavos, que lograron su libertad en 1867, y de «poner fin al dogma de la igualdad racial». Sus miembros encapuchados pretendían reconquistar por la violencia lo que una cruenta guerra civil y las urnas les habían quitado: la supremacía blanca en el sur.
Pero discrepancias, escisiones y escándalos empezaron a debilitar la organización hasta hacerla casi desaparecer a finales de los años treinta.
Sin embargo, el KKK reapareció en 1945 en algunos estados del sur, y el movimiento de reivindicación de los derechos civiles, durante los '60, fue el escenario que eligió para manifestarse de nuevo. Aprovechando la complacencia de las autoridades locales, los extremistas blancos se lanzaron contra los adversarios de la segregación.
Pero sus actos violentos chocaron contra la opinión de la sociedad norteamericana, y llevaron a su marginación.
En 1963, la explosión de una bomba en una iglesia de Alabama mató a cuatro niñas, y en 1964 tres jóvenes militantes de los derechos civiles, dos judíos y un negro, fueron asesinados en Mississippi (ver vinculada).
Hoy, los herederos del KKK no son más que un puñado dividido en grupúsculos, a veces violentos, pero incapaces de pesar en la sociedad norteamericana contemporánea, que en buena medida logró superar la lacra del racismo.




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