27 de octubre 2003 - 00:00

Las lecciones de Homero

En la víspera de nuestra invasión a Irak, viajé hasta la antigua Troya en Turquía. Es un lugar inolvidable y apacible aunque si se fuerza la vista existe la probabilidad de capturar un atisbo de Helena sobre los muros. Esos muros abarcan una verja que muestra señales de haber sido ensanchada -o por lo menos eso aseguraba mi guía, probablemente era una fantasía- como para dar cabida a un gigantesco caballo de madera.

En ese entonces, escribí acerca de las lecciones de la Guerra de Troya para Irak, pero ahora vuelvo a encontrar a mi mente divagando hacia Troya. Homero tiene incluso mayor relevancia hoy día: En «La Iliada», describe cómo los griegos son eliminados por un prolongado, abominable e innecesario conflicto que no resulta tan bien como debería, en parte debido a que su líder va en contra de sus aliados.Y en «La Odisea», tenemos a un rey que heredó su trono y cuya arrogancia e impulsividad le cuestan la vida a sus soldados.

• Recapitulando

«La Iliada» trata acerca de cómo grandes hombres enfrentan la tragedia, conocen la moderación y se vuelven sabios. En caso de que «La Iliada» no se encuentre por la Oficina Oval, permítanme recapitular para nuestros guerreros en Washington.

Aquiles es el guerrero más poderoso, petulante y moralista, por no decir arrogante. Como unilateralista, se niega a consultar con los aliados; desecha los datos de inteligencia sobre su propia vulnerabilidad; nunca lee los periódicos.


Los griegos están prácticamente derrotados, y mientras Aquiles se retira a su tienda, su amigo más querido, Patroclus, es asesinado. Entonces, el impulsivo Aquiles destroza el cuerpo de Héctor, pero al final regresa a su tienda, se tranquiliza y demuestra un nuevo sentido de sus propios límites, una nueva compasión, una moderación y sabiduría nuevas.

Ese es un tema constante en los clásicos: héroes de la antigüedad como Aquiles y Odiseo no evitan los errores sino que aprenden de ellos. A través de sus errores, llegan a comprender tanto los matices morales como la claridad moral, así como a sentir aprecio por la moderación.

• Señales

Lamentablemente, la presente administración estadounidense no ha dado muchas señales de estar madurando. Empero, en las últimas semanas, se han presentado señales de que el presidente Bush pudiera estar aprendiendo de sus errores y moderando su impulsividad. Albergo la esperanza de que ése sea el caso.

Ayuda el hecho de que Bush haya cometido abundantes errores de los cuales puede aprender. Tan sólo hace falta ver el mundo: Afganistán fue una guerra de ejecución brillante, pero la paz se ha manejado de manera ineficiente. Irak fue una guerra bien planeada y tuvo una paz carente de planificación. La negativa a negociar con Norcorea llevó a dicho país a reacondicionar sus líneas de producción de manera amenazante. La arrogancia (el mismo problema que tenía Aquiles) fomentó un mayor sentir antiestadounidense del que suscita la red Al-Qaeda.


Después, tenemos a la Casa Blanca tomando el control de la política hacia Irak de manos de ideólogos del Pentágono, lo cual puede convertirse en un giro de suma importancia, ya que otorga facultades a pragmáticos como Condoleeza Rice y Colin Powell, que no filtran la información a través de la ideología.

Donald Rumsfeld (el secretario de la Defensa estadounidense) puede ser comparado con Ajax, el guerrero griego que tenía fuerza, pero estaba tan engañado que atacó de manera inmisericorde lo que percibió como sus enemigos y resultó ser una hato de bestias.


Las lecciones de Homero incluyen la necesidad de resistirse a la soberbia, cooperar con los aliados, buscar una interacción con el mundo real en lugar de caricaturas en blanco y negro. Si Aquiles y Odiseo pueden aprender esas lecciones, quizás existe esperanza para Rumsfeld o incluso para el poderoso Bush.

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