13 de marzo 2008 - 00:00

¿Le habla Bush a Cristina?

América latina ha sido un tema prácticamente ausente en los más de siete años de gobierno de George W. Bush. Hasta ayer. El presidente de EE.UU. realizó declaraciones inusualmente duras sobre el "régimen" de Hugo Chávez, que, en rigor, parecieron aludir a los países cercanos a él. "La región se enfrenta a una elección cada vez más fuerte: aceptar tranquilamente la visión de los terroristas y los demagogos, o apoyar activamente a líderes democráticos como el presidente Uribe", dijo. A la vez, la Casa Blanca confirmó que estudia incluir a Venezuela en su lista de países que apoyan el terrorismo. Bush está en retirada. Pero John McCain, Hillary Clinton y Barack Obama mantienen también posturas de fuerte rechazo al bolivariano.

La inédita dureza con que George W. Bush trató ayer a la gestión de Hugo Chávez, conminando a los gobiernos de la región a decidir si apoyan a «regímenes terroristas y demagogos» o a «líderes democráticos» como el colombiano Alvaro Uribe, lleva a preguntarse quiénes fueron los destinatarios de su arenga. Es sabido que la Casa Blanca no deposita esperanzas en un giro político de gobernantes como Raúl Castro, Evo Morales o Rafael Correa, aunque fueron ellos, los mayores aliados del bolivariano, los principales aludidos. Y, en segundo lugar, la Argentina, que, como se sabe, ha cultivado -para recelo de Washington- lazos políticos y económicos estrechos con el chavismo.

La repetida venta a Venezuela de títulos de la deuda pública, los multimillonarios negocios en materia de energía y alimentos, la militancia para que los parlamentos de Brasil y Paraguay habiliten su ingreso al Mercosur y hasta escándalos como el del valijero Guido Antonini Wilson, que se ventila actualmente en la Justicia norteamericana, han jalonado esa relación. Y, más recientemente, la solidaridad nacional con Caracas y Quito en la reciente crisis por el ataque del Ejército colombiano a un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, palpable en las entrevistas que Cristina de Kirchner mantuvo con Correa y Chávez en la capital venezolana y en su posición en la cumbre del Grupo de Rio realizada posteriormente en República Dominicana, en la que Lula da Silva se hizo representar por su canciller Celso Amorim.

Lo dicho ayer por Bush lleva el mismo sello que el primer discurso que pronunció ante el Congreso de su país tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, cuando intimó a todo el mundo a optar entre EE.UU. y los terroristas. Claro que en aquel momento el republicano concitaba niveles de apoyo récord, propios de un país que se sentía en guerra, y que contrastan con los actuales, tan magros, y con su debilidad como mandatario con sólo diez meses de gestión por delante. Ese tiempo, con todo, podría ser suficiente para consumar el ingreso de Venezuela a la lista de países que patrocinan el terrorismo internacional que elabora el Departamento de Estado. La transición política en Estados Unidos lleva, en tanto, a una segunda pregunta, esto es si la relación entre la Casa Blanca y el Palacio de Miraflores podría mejorar con la llegada al poder de John McCain, Hillary Clinton o Barack Obama, los candidatos en liza.

  • Asperezas

  • Está claro que del primero, conocido por sus posturas duras en política exterior y necesitado de ganarse el corazón de un electorado conservador que lo mira con recelo, Chávez no podrá esperar más que asperezas. Y, tras un previsible tanteo cauteloso inicial, acaso la situación no sea demasiado diferente con cualquiera de los dos demócratas.

    Hillary arremetió contra el venezolano en la reciente crisis con Colombia en términos no muy lejanos a los de Bush. «Al apoyar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Chávez está tomando partido de manera abierta por grupos ilegales que están amenazando la democracia colombiana, la paz y la seguridad de la región», indicó. De allí a calificar al chavismo de patrocinador del terrorismo hay apenas un pequeño paso.

    Obama se ha mostrado más abierto a dialogar con los enemigos, lo que incluye a otros, más pesados, como los presidentes de Irán y Siria. Pero, deseoso de dejar de ser señalado como inexperto y blando, también castigó a Chávez en la última crisis. Y, después de haber calificado a éste como un hombre con «tendencias despóticas», avaló como Clinton la violación del territorio ecuatoriano al afirmar que Colombia « tiene todo el derecho de defenderse de una brutal insurgencia terrorista».

    Puede resultar ingenuo y peligroso confiar en que un simple cambio de gobierno represente un giro drástico en la manera en que Estados Unidos interpreta sus intereses en el hemisferio. Mejor ir tomando nota de los mensajes que llegan.

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