"Le pedí a Dios no ser Papa. No me escuchó"
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Benedicto XVI
El Pontífice, que parecía más relajado que en sus primeras apariciones y tenía una expresión de felicidad, contó a sus compatriotas que había imaginado un futuro « tranquilo» para sus últimos años de vida, lejos del Vaticano, donde creía haber concluido su misión.
«Pero los caminos del Señor no son fáciles, aunque no necesitan forzosamente serlo, y no pude hacer otra cosa que decir sí», aseguró el Papa.
Benedicto XVI, Pontífice número 265 de la historia, también recordó con gozo el viaje que realizará en agosto a Colonia, Alemania, para las Jornadas Mundiales de la Juventud, lo cual provocó la aclamación de la multitud: «Dios nos ha dado al Papa Benedicto», «¡Benedicto, Benedicto!».
Posteriormente, el Papa rezó ante la tumba de San Pablo, cofundador de la Iglesia junto con San Pedro, y destacó el ejemplo de Juan Pablo II como Papa misionero, al mismo tiempo que pidió ayuda a Dios para anunciar el Evangelio con la misma fuerza y el mismo amor que su predecesor.
«¿Qué lo empujó a un dinamismo parecido si no fue el amor de Cristo que también transformó la existencia de San Pablo? Que el Señor alimente en mí también un amor parecido que no me deje tranquilo ante la urgencia de anunciar el Evangelio en el mundo de hoy», aseguró en la basílica de San Pablo, al sur de Roma.
Benedicto XVI recordó que la Iglesia es «por naturaleza misionera» y tiene el deber de la evangelización.
Asimismo, recordó que el siglo XX fue un tiempo de martirio y que así lo resaltó Juan Pablo II canonizando y beatificando a numerosos mártires de la historia reciente.
«Si la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos, al inicio de este tercer milenio es lógico esperar una renovada primavera de la Iglesia, especialmente allí donde ha sufrido mayormente por la fe y el testimonio del Evangelio.




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