Líbano: derrota sorpresiva del Hizbulá
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Saad Hariri, líder de la coalición pro-occidente en Líbano, saluda al candidato parlamentario, Nohad Machnouk, en su residencia en Beirut.
"No hay vencedores ni vencidos en estas elecciones, los únicos ganadores son la democracia y Líbano", dijo Hariri, que invitó a los simpatizantes de los bandos rivales a abstenerse de provocaciones.
Hizbulá, considerado como un grupo terrorista por Washington, quiere un gobierno de unión sea quien sea el ganador. La mayoría saliente, que no excluye esa posibilidad, se niega a que la futura oposición tenga un derecho de bloqueo en el nuevo gabinete.
Las tasa de participación alcanzó el 54,08%, un récord desde hace 20 años, aseguró el ministro del Interior Ziad Barud.
Las autoridades libanesas parecían desbordadas ante el flujo de votantes que hicieron colas para votar desde primera hora de la mañana. Algunos votantes se quejaron por haber tenido que esperar más de tres horas para depositar su papeleta en las urnas.
Las autoridades tuvieron que añadir mesas electorales en algunas oficinas de voto ante la afluencia masiva de votantes, muchos de ellos ataviados con los colores de sus respectivos partidos.
Unos 50.000 policías y militares fueron desplegados para prevenir estallidos de violencia entre las facciones políticas rivales. En las grandes ciudades, incluso, el ejército sacó los carros a las calles.
Más de 200 observadores internacionales de la Unión Europea (UE), el Centro Carter y otras instituciones y países viajaron para controlar el desarrollo de los comicios.
"No me preocupan las elecciones. Nuestra inquietud es si los libaneses aceptarán el resultado", aseguró el ex presidente estadounidense Jimmy Carter.
La minoría parlamentaria liderada por el partido chiita Hizbulá, y apoyada por Irán y Siria, y la mayoría antisiria apoyada por Occidente libran un pulso desde las legislativas de 2005, que a punto estuvo de hundir al país en 2008 en una nueva guerra civil.
Unos 3,2 millones de libaneses, así como miles de emigrantes que regresaron para participar en el escrutinio, debían elegir a 128 diputados entre 587 candidatos habilitados, repartidos a partes iguales entre cristianos y musulmanes para mandatos de cuatro años.
Cada comunidad religiosa tenía derecho a un número de escaños proporcional a su peso demográfico en las 26 circunscripciones. Los diputados son designados por el electorado en virtud de un sistema de votación por mayoría simple.




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