Lluvias y réplicas del sismo vuelven a sembrar el miedo en China

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Shifang (AFP).- Las lluvias torrenciales, que podrían provocar crecidas de los ríos, el riesgo de epidemias y una fuerte réplica del sismo que asoló el suroeste de China recordaron ayer a sus habitantes que el desastre podría prolongarse aún.

En plena madrugada del domingo (hora local), una réplica de magnitud 6 en la escala de Richter sacudió la frontera entre las provincias de Sichuan y Gansu.

Las autoridades no informaron de daños o víctimas.

Paralelamente, en un condado de Gansu, la lluvia provocó el desprendimiento de una gran roca que destruyó dos coches y sepultó otros dos, informó la agencia de noticias estatal China Nueva.

El saldo mortal del sismo del pasado 12 de mayo sigue subiendo, y ya supera las 28.000 víctimas.

Las autoridades empezaron a evacuar a más de 2.000 personas ante el temor de que se produzcan inundaciones en una zona de 40 kilómetros de longitud en Sichuán.

El sismo de magnitud 7,9 provocó deslizamientos de tierra que bloquearon el río Qingzhu, que ya empezó a desbordarse en una aldea cercana a su curso, informó China Nueva.

El sismo ha fragilizado también el subsuelo de la ciudad de Hongyuang, y de continuar la crecida de agua, el área de unos 40 km de longitud se vería afectada, informó la agencia.

Una nueva batalla comenzó igualmente para prevenir riesgos de epidemias entre unos 5 millones de refugiados del sismo.

Cinco días después de la catástrofe, un turista alemán fue sacado, herido pero vivo, el sábado por la mañana de los escombros de una casa por los rescatistas del Ejército Popular de Liberación.

El balance oficial confirmado de muertos en el sismo se sitúa en 28.881, indicó este sábado un responsable del gobierno central, mientras el número de heridos hasta ahora es de 198.347.

En la ciudad de Deyang, poblada por 3,8 millones de habitantes, responsables locales estimaron que el número de fallecidos podría elevarse hasta los 20.000, una cifra que supera con creces los 7.568 muertos confirmados con anterioridad por Pekín.

Los medios de comunicación chinos siguen conservando la esperanza de hallar supervivientes, cuyo número desgraciadamente disminuye a medida que pasan las horas.

Según las autoridades de la provincia de Sichuán, cuya superficie triplica la de Bélgica, unas 14.000 personas siguen bloqueadas bajo toneladas de cemento y hierro.

El ejército movilizó a 130.000 hombres para organizar los rescates, despejar carreteras y lanzar desde el aire víveres y agua en las localidades devastadas de Beichuan y Wenchuan.

Especialistas japoneses, rusos, surcoreanos y de Singapur participan también en las búsquedas, con perros adiestrados.

Pero si los esfuerzos continúan para salvar vidas, las autoridades comienzan a inquietarse sobre los riesgos de epidemias que amenazan a los supervivientes, en especial tras la destrucción de todas las redes de distribución de agua potable.

"Es necesario prioritariamente tratar de dar alojamiento a los refugiados y garantizarles agua potable para impedir las epidemias", declaró el sábado Feng Zijian, director del Centro de Control y de Prevención de Epidemias de China, en el sitio internet China.com.

"Es necesario también enterrar en el lugar a los cadáveres, pues las capacidades de cremación no son suficientes", agregó.

En las calles de Shifang, ciudad cercana al epicentro, soldados, policías y rescatistas llevan todos máscaras sobre la cara, para evitar el olor de los cadáveres y protegerse de enfermedades, constataron los periodistas.

El ministro de la Construcción, Jiang Weixin, anunció el envío de 48 purificadoras de agua en las zonas más afectadas.

Ninguna de esas pesadas máquinas puede purificar las entre 30 y 50 toneladas de agua necesarias por día, para 5.000 o 10.000 personas, según expertos.

Un vasto esfuerzo de solidaridad se ha organizado en toda China, lo que hizo posible hasta ahora recolectar unos 300 millones de euros en dinero y especies.

Los fondos de rescate otorgados por el gobierno son a su vez de unos 300 millones de euros.

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