Lo que Dios unió la suegra puede separarlo

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Roma - «El pollo de mi madre no lo supera nadie.» «Dice mi madre que tendríamos que haber comprado el sofá en color verde, que quedaría mucho mejor en el salón.» «Mamá opina que tendrías que cambiar de trabajo, que donde estás no te valoran como te mereces.» «Este fin de semana vamos como siempre a casa de mi madre, ¿no?»

Mi madre, mi madre, mi madre... La figura de la suegra insufriblemente entrometida y dominante, capaz por sí sola de desencadenar la ruptura de una pareja, es todo un clásico del género de terror conyugal. Pero, lejos de ser una ficción, es un personaje absolutamente real que a ojos de la Iglesia puede llegar a justificar la declaración de nulidad de un matrimonio. De hecho, los jueces del Tribunal de la Rota Romana, una de las más altas instituciones eclesiásticas de la Iglesia y la que en última instancia se ocupa de las causas matrimoniales, ya han sentenciado que la excesiva dependencia de un marido (o de una esposa) a su señora madre puede ser motivo para conceder la nulidad del sacro vínculo matrimonial.

Así consta al menos en la Memoria Estadística Anual del Tribunal de la Rota que acaba de salir a la luz, donde se recogen las sentencias de anulación matrimonial dictadas por esa corte judicial en 2005. Entre los 1.679 casos examinados por los 20 prelados auditores del Tribunal de la Rota, se encuentran los de varios cónyuges que se mostraban tan exageradamente enmadrados hasta el punto de verse afectado su nivel de autonomía y autodeterminación, así como su capacidad de decisión. Ante esas situaciones, los jueces no han tenido más remedio que sentenciar la nulidad matrimonial, tras dictaminar que esa excesiva subordinación a la figura de la madre provocaba en el hijo en cuestión y cónyuge «un grave defecto de juicio» que lo hacía « incapaz de asumir las obligaciones esenciales» que requiere la unión conyugal.

  • Otros motivos

    Pero ése no es el único y estrambótico motivo que, a ojos de la Iglesia, puede servir para decretar la nulidad de un matrimonio eclesiástico. Durante 2005, el Tribunal de la Rota también revocó uniones conyugales por abusar alguno de los esposos del cannabis o del alcohol. O por ser alguno de los cónyuges un mentiroso patológico. O por padecer aversión al sexo, una afección que suelen sufrir personas que en su infancia fueron objeto de abusos y que generaron un trauma que se manifiesta por la falta absoluta de deseo sexual hasta el punto de que se bloquean con sólo oír hablar del asunto. Por no hablar de las ya tradicionales motivaciones de inmadurez afectiva, exceso de amor propio, celos enfermizos o inclinación excesiva a la autonomía.

    Asimismo, el no desear tener un hijo o el ser infiel son algunas de las causas que en 2005 empujaron a los 20 prelados del Tribunal de la Rota a decretar nulidades matrimoniales. Sin embargo, conseguir deshacer un matrimonio eclesiástico sigue siendo una tarea difícil. De las 1.679 causas examinadas por el Tribunal de la Rota Romana en 2005, sólo 69 fueron sentencias firmes en las que se declaró la nulidad de otros tantos matrimonios.

    Pero, por si cupiera alguna duda sobre cuál es la postura oficial de la Iglesia al respecto, Benedicto XVI recordó a los jueces del Tribunal de la Rota Romana, durante la inauguración del nuevo año judicial vaticano, que el vínculo conyugal es indisoluble, invitando a los magistrados a no considerar la declaración de nulidad como una suerte de divorcio e instándolos a «actuar con valentía y confianza», «no dejándose llevar por vías interpretativas que implican una ruptura con la tradición de la Iglesia».
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