Los fiascos de la Casa Blanca en la ocupación de Irak
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Con más de 2.000 millones de dólares ya ingresados en el balance de Halliburton «aún hace falta mucha más reconstrucción en el sector petrolero y el sabotaje de oleoductos sigue teniendo lugar en el Norte», dijo el ministro de Finanzas iraquí, Kamil Al Gailani.
Para Henry Waxman, congresista demócrata , Halliburton tiene lo que los economistas llaman un «problema de incentivos». Todo indica que se beneficia de su propio fracaso.
Porque su contrato incluye, aparte de restablecer la industria iraquí, «comprar, importar y entregar» combustible desde Kuwait, y en ese papel de intermediario cobró precios dos veces superiores a la competencia. Lo que rindió beneficios « extraordinarios» de 60 millones de dólares.
Bechtel, por su parte, recibió en abril de 2003 el megacontrato de la reconstrucción: reparar y modernizar infraestructura desde sistemas de agua, electricidad y desagües hasta la reparación de colegios. Pero hasta la fecha la multinacional californiana -cliente fiel del Pentágono desde hace 40 añosavanzó a ritmo de caracol. La modernización de centrales eléctricas se vio obstaculizada por la ausencia de las empresas extranjeras que construyeron la infraestructura de Saddam.
En Bassora, dice Chatterjee, las centrales eléctricas son de fabricación rusa, alemana y francesa, todos enemigos en la guerra de «liberación» de Wolfowitz y denegados hasta la fecha en el acceso a las obras de reconstrucción. En Bassora, añade, hay apagones todos los días.
Ni tan siquiera la reconstrucción de la infraestructura escolar se escapa de la letanía de fracasos. En el colegio Al Harthia, en la Bagdad supuestamente modernizada por Bechtel, había goteras del techo que provocaban cortes de luz, se cae la pintura y el suelo no está terminado, comprobó Chatterjee en diciembre. Según la directora del colegio, el subcontratado iraquí de Bechtel cobró 20.000 dólares por la obra. «La gente habla de conspiración; yo creo que se trata de incompetencia, escasa planificación y avaricia», dice Chatterjee.
Halliburton y Bechtel son los casos más comentados, pero hay muchos más. Un ejército de pequeños consultores -todos exquisitamente relacionados con Washington-ha aportado sus perlas de sabiduría a la caótica reconstrucción. Sullivan Haave Associates, por ejemplo, propiedad de la familia de Carol Haave, subsecretaria de Defensa, fue subcontratada por Science Applications para asesorar sobre los nuevos ministerios iraquíes. A MZM -una pequeña empresa de Florida, cuyos directivos son todos ex militares-se le ha adjudicado un contrato por 1,2 millón de dólares por enviar a un grupo de intérpretes a Irak y «apoyar operaciones psicológicas».
Quizás la más pintoresca es Native American Indian Distributors, una consultora militar fundada por el indígena norteamericano John Meyer, veterano de Vietnam y presidente nacional de los Estadounidenses Nativos, que asesorará la selección de personal en Irak.
La inseguridad es fuente de negocios también para empresas de personal militar privado como Vinnell Corporation o Dyncorp, viejos aliados del Pentágono desde los días de Vietnam. Vinnell es responsable de formar al nuevo ejército de Irak. Dyncorp entrena a la policía. Y a ambas la tarea les está resultando muy complicada. El 50% de los reclutas de Vinnell se dieron de baja después del primer mes tras una serie de atentados. Los sueldos de 60 dólares por mes no compensaban el peligro.




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