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Los Bush abordan el helicóptero "Executive One" rumbo a la base militar Andrews
"Fue un momento de inspiración ver la investidura del presidente 44 de EE.UU. Fui testigo de la historia en primera fila", señaló.
La cálida recepción al ex gobernante de Estados Unidos contrastó con su casi silenciosa salida de Washington.
El despegue del "Special Air Mission 28000" apenas recibió atención de los estadounidenses o de los medios de comunicación, centrados en el histórico momento que vivía el país al convertirse Obama en su primer presidente negro.
El fin del mandato de Bush lo marcó la jura del nuevo jefe de Estado, pero quizá el momento más simbólico del traspaso de poder fue cuando Obama y la primera dama, Michelle, le despidieron en las escalinatas del Capitolio, donde le esperaba el "Marine One", convertido temporalmente en "Executive One", para llevarle a la base de Andrews.
Los dos hombres, acompañados por el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, y su esposa Jill, se fundieron en un caluroso abrazo. Bush subió las escaleras del helicóptero y se despidió de Washington con un saludo y una sonrisa.
El momento que mejor describe el sentir de los estadounidenses ante el cambio de poder tuvo lugar cuando Bush apareció en las escalinatas del Capitolio para asistir a la investidura de Obama.
Su llegada fue acogida con un gran silencio en las gradas y con fuertes abucheos entre las masas en el Mall.
La reacción de los ciudadanos anticipó lo que iba a pasar después, en el momento de su salida, cuando sobrevoló la ciudad, en la que casi dos millones de personas presenciaron la investidura de su nuevo presidente.
Lo más probable es que el ex mandatario no lo escuchara por el ruido de las hélices, pero abajo, en el extenso Mall, los ciudadanos le saludaron. Algunos, quizá, con cierta nostalgia ante una era que se acaba. Los más, por todo lo contrario, a juzgar por lo que dicen las encuestas. Sólo un 22 por ciento apoyaba su gestión.
Hubo más que uno que gritó "hasta nunca" o entonó junto a otros un sonoro y alegre "goodbye".
Fue una despedida cargada de simbolismo, pero Bush, aparentemente poco afectado por la escasa popularidad, soportó todas las actividades del día con una sonrisa.
Su jornada comenzó temprano en el Despacho Oval. Habló con la entonces todavía secretaria de Estado, Condoleezza Rice, el consejero de Seguridad Nacional, Stephen Hadley, y con Andy Card, ex jefe de Gabinete, y paseó por los jardines de la Casa Blanca.
Su ex portavoz Dana Perino afirmó que estaba "optimista" y que era como siempre. "No ha cambiado", dijo.
A media mañana, Bush recibió en la Casa Blanca a Obama y a Michelle, así como a los Biden, para después partir todos juntos hacia la ceremonia de investidura. En el camino, Bush saludó a los ciudadanos que le vieron pasar.




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