Lula emprende campaña para recaudar dinero entre sus militantes

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Acorralado por denuncias de corrupción y una millonaria deuda dejada por sus antiguos dirigentes, el Partido de los Trabajadores (PT), la formación del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, emprendió hoy una campaña para recaudar dinero entre sus militantes.
  
La "Campaña Militante de Recaudación", anunciada hoy por el nuevo presidente de la formación socialista, Ricardo Berzoini, se fijó como meta la captación en apenas un mes de 13 millones de reales (unos 5,9 millones de dólares) para salvar al PT de la quiebra.
  
Según las cuentas de Berzoini, si cada uno de los 13.000 dirigentes del partido en todo el país consigue recaudar 1.000 reales (unos 454,5 dólares) entre los militantes, el PT podrá comenzar a pagar la deuda de al menos 52 millones (unos 23,6 millones de dólares) heredada de los antiguos dirigentes.
  
La campaña también le permitirá a los dirigentes del partido que condujo a Lula al poder en 2002 medir el tamaño del desgaste entre los militantes por las denuncias de corrupción que tienen al PT contra las cuerdas y que obligaron a sus antiguos dirigentes a renunciar.
  
Hasta mayo pasado, antes de que surgiese el escándalo que también ha salpicado a importantes colaboradores de Lula, el PT se enorgullecía de ser el partido más organizado y activo del país, con unos 825.000 afiliados, y de su capacidad para movilizar a millones de militantes y simpatizantes.
  
La aparición de pruebas de que los dirigentes del partido hundieron a la formación en un pantano de corrupción, sin embargo, llevó a una serie de deserciones de dirigentes, críticas de militantes, y desconfianzas y decepciones de simpatizantes.
  
Entre los que abandonaron la que era considerada la mayor formación de izquierda de Latinoamérica estaban líderes históricos que ayudaron a Lula a fundar el partido en 1980 y al menos cinco diputados federales.
  
La decepción entre los afiliados fue tanta que, en las elecciones internas del mes pasado en que Berzoini fue elegido presidente de la formación, apenas comparecieron a las urnas 315.000 votantes, el 38 por ciento de los convocados.
  
El PT, sin embargo, aún desconoce cuál fue la repercusión de las denuncias de corrupción entre sus militantes, cuya movilización es considerada vital en una posible campaña para reelegir a Lula en las elecciones presidenciales de 2006.
  
Con su campaña, el partido también quiere mostrar que tiene capacidad para financiar sus gastos con la ayuda de los militantes y sin acudir a empresas privadas, estatales o ayudas financieras sospechosas.
  
Las acusaciones que tienen al partido contra las cuerdas se refieren precisamente a la red de corrupción que los antiguos dirigentes montaron para financiar campañas con recursos no declarados y sobornar legisladores de otros partidos.
  
El ex tesorero del PT Delubio Soares, hasta ahora el único dirigente que ha sido expulsado del partido por su responsabilidad en las irregularidades, admitió que financió las campañas de la formación en 2002 y 2004 con recursos que no fueron declarados ni a las autoridades electorales ni al fisco.
  
Aliados de Lula y hasta el publicista que dirigió su campaña electoral, Duda Mendoza, admitieron que recibieron los recursos no declarados por el PT y que los pagos fueron hechos hasta en cuentas en paraísos fiscales en el exterior, lo que también es prohibido. El PT ha sido acusado incluso de recibir recursos de Cuba.

Los comisiones legislativas que investigan las denuncias de corrupción han encontrado pruebas de que parte de los dineros salieron de empresas estatales como el Banco de Brasil y de contratos de publicidad de otras empresas públicas.
  
El partido alega que los recursos proceden de préstamos bancarios no declarados y que las deudas por esos créditos suman 40 millones de reales (unos 18,2 millones de dólares), que el partido aún no sabe cómo pagar.
  
Esa suma triplica la deuda de 12 millones de reales (unos 5,5 millones de dólares) declarada oficialmente por el PT.
  
Berzoini admitió que, además de acudir a sus militantes en busca de financiación, el partido tiene que reducir sus gastos y puede recortar su número de funcionarios el 40 por ciento.
  
Esta semana fueron despedidas 37 de las 125 personas que trabajaban en la dirección nacional del partido en Sao Paulo.

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