El PP obtuvo una enorme victoria, pero necesita apoyo ultra para gobernar Madrid

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Una alianza local con Vox rompería con la línea roja que se trazaban hasta ahora los grandes partidos. Su abstención en la jura podría evitar ese paso. Ciudadanos no superó el 5% de los votos y quedó fuera de la legislatura. Dividida, la izquierda sufrió un severo revés, en especial el PSOE.

Madrid - La presidenta de la Comunidad de Madrid y la candidata a la reelección por el conservador Partido Popular (PP), Isabel Díaz Ayuso, ganó ayer las elecciones en la región que incluye a la capital española, aunque necesitará de los diputados de la extrema derecha de Vox, o su abstención, para alcanzar los votos necesarios en la legislatura local para jurar.

Al cierre de esta edición, el escrutinio oficial, casi completo, le daba a la dirigente de 42 años, revelación de la política española con apenas dos años de gestión, un impactante 44% de los votos, equivalentes a 65 bancas en el Parlamento regional, cuatro menos que las necesarias para contar con la mayoría absoluta.

Por eso depende ahora de los 13 legisladores que logró colocar el ultraderechista Vox. De sumar a ese grupo a una coalición, Díaz Ayuso rompería con un tabú político por incorporar a una fuerza percibida como extremista.

La líder conservadora no ha descartado esa posibilidad, aunque podría intentar que Vox se abstenga para facilitar su jura, tal como ha ocurrido desde 2019, período en el que gobernó en minoría.

El nuevo Parlamento de la Comunidad de Madrid asumirá el 8 de junio próximo y tendrá como máximo 15 días para proponer el nombre del próximo presidente del Gobierno local. Así, Díaz Ayuso tiene más de un mes y medio para negociar con Vox.

Mientras una reedición de la alianza de centro-izquierda que gobierna a nivel nacional –PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos– podría sumar solo 58 bancas, una alianza de derecha llegaría a 78.

El oficialista PSOE, del presidente del Gobierno Pedro Sánchez, fue uno de los grandes derrotados de la jornada al perder 13 bancas con respecto a los comicios de 2019 y quedarse con 24. Con todo, peor le fue a la fuerza liberal Ciudadanos, que no llegó al umbral del 5% de los votos necesarios para entrar al legislativo, con lo que pasará de tener 26 diputados locales a ninguno. Ese declive fue ampliamente capitalizado por el PP, que más que duplicó sus escaños.

El oficialismo nacional de centro-izquierda había intentado jugar fuerte para evitar no solo una reelección del PP, sino un corrimiento aún más a la derecha con una coalición de Gobierno con Vox, como se perfila ahora.

Por ejemplo, Pablo Iglesias, de Unidas Podemos, renunció a la vicepresidencia del Gobierno español para dar pelea como candidato, y aunque Mónica García, médica, feminista y representante de Más Madrid, una escisión de la izquierda, hizo una buena elección mejorando el resultado anterior del diputado Íñigo Errejón, no le alcanzó para frenar a la derecha. El primero arrastró 10 diputados, mientras que la segunda, 24, igual que el PSOE.

La participación superó el 75% del padrón, 17 puntos por encima de la de 2019.

Se trató de las primeras elecciones en Madrid desde el estallido de la pandemia del nuevo coronavirus en marzo del año pasado, que sacudió con especial dureza a la capital española, que debió improvisar hospitales de campaña y una morgue en una pista de patinaje sobre hielo.

Con 15.000 muertes sobre un total de 78.000 en el país, la región capitalina registra de las peores incidencias del covid-19, con un 45% de sus camas de terapia intensiva ocupadas con pacientes de esta enfermedad.

Los conservadores lograron capitalizar la arriesgada política de medidas laxas promovida desde hace casi un año por Díaz Ayuso, que se tradujo en la apertura continuada de bares, restaurantes y salas de espectáculos, las que fueron apoyadas casi por la mitad del electorado. Esa resistencia a las presiones del Gobierno central y la oposición para que endureciera restricciones le valió amplias simpatías.

El resultado de estos comicios anticipados solo tendrá una validez de dos años, ya que los madrileños deberán votar de nuevo en 2023, cuando a más tardar se celebrarán elecciones legislativas nacionales.

Los comicios se desarrollaron luego de una las campañas más hostiles que se recuerden, que incluyó amenazas de muerte contra varios políticos de primera línea, y en un clima de eslóganes lanzados entre bloques a modo de invectivas como “comunismo o libertad” y “fascismo o democracia”.

En medio de ese clima, los debates sobre problemas concretos como la gestión de la pandemia, la carestía de la vivienda o la inversión en servicios públicos se hicieron oír poco.

A la espera de esa nacional de 2023, el PP, desbancado del poder central en 2018, presentó la “batalla de Madrid” como la antesala de la futura pugna electoral con el socialista Sánchez, quien gobierna en coalición con Unidas Podemos.

“Esta campaña también es decisiva para España porque va a marcar un antes y un después”, afirmó Díaz Ayuso al pedir el voto.

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