Mario Sepúlveda, uno de los 33 mineros: "El recuerdo de la mina es permanente, pero mi vida sigue"

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Mario Sepúlveda, uno de los 33 mineros chilenos que pasó 70 días atrapado a 70 metros de profundidad en el desierto de Atacama, recuerda el hambre como una de las peores experiencias en el lugar. Una década después, sigue reclamado justicia.

“Estamos bien en el refugio los 33”. La frase pasó a la historia hace 10 años, cuando se supo que los 33 mineros chilenos atrapados a 700 metros de profundidad en el desierto de Atacama estaban vivos. Desde el 5 de agosto de 2010 hasta el 13 de octubre de ese año, los trabajadores resistieron a cucharadas de atún, sorbos de agua y fuerza de voluntad.

La vuelta a la superficie fue con bombos y platillos, transmisión en directo y varias promesas. Con su historia, incluso Hollywood realizó una película donde Antonio Banderas interpretó a Mario Sepúlveda.

En 2018, en tanto, la Justicia falló a favor de los mineros y ordenó indemnizar a cada uno con 110.000 dólares. Sin embargo, a dos años de la sentencia, ninguno la cobró. ¿Cómo sigue su vida hoy? Sepúlveda detalló a Ámbito sus días desde el accidente hasta la actualidad.

Periodista: A 10 años del accidente, ¿cómo recuerda hoy esos días atrapados en la mina?

Mario Sepúlveda: Con mucho amor, con mucha nostalgia, con pena, con rabia, con un poquito de todo. Quedamos bajo tierra y, obviamente, no sabíamos si íbamos a salir o no. Una de las peores cosas fue resistir el hambre, hay que tener mucha resistencia mental para soportarlo. Pero teníamos mucha fe en nuestro padre Jehová y mucha energía. Y gracias a Dios salimos.

Mario Sepulveda

Mario Sepúlveda, a 10 años del accidente

P.: ¿Cuándo tuvieron la certeza de que había esperanza?

M.S.: Yo no creo en la esperanza. La esperanza es un juego de emociones. Yo me aferré a la fe, nunca perdí la fe en Dios ni en los chilenos. Chile es un país que siempre se ha destacado por ser solidario y yo sabía que no nos iban a dejar ahí.

P.: ¿Qué secuelas le dejó esta experiencia?

M.S.: Dicen que estoy más loco, y obviamente que estoy más loco de felicidad y disfruto más el día. Hay muchas secuelas pero no puedo dirigir mi energía en ellas porque me va a hacer mal. Tengo problemas en la dentadura, me tenían que hacer una operación que se suspendió por el tema de la pandemia. Tengo problemas de dormir poco. El tema y el recuerdo de la mina son permanentes, pero no puedo quedarme pegado a eso porque mi vida sigue, Dios fue muy bondadoso al darnos la posibilidad de seguir viviendo. Por lo tanto, no tengo que dedicar mucho tiempo a pensar en secuelas, tengo que pensar cómo hacer mejor mi vida, cómo realizarme como persona.

P.: ¿Qué cambios en su vida destacaría tras una experiencia tan límite?

M.S.: Hoy día no soy el mismo de antes. Tengo que ser más delicadito, no puedo salir a bailar, no puedo andar con otra mujer que no sea mi esposa. Antes iba más a la pelea, ahora he aprendido a ser más relajado en algunos aspectos.

P.: ¿Disfruta ser un personaje público?

M.S.: Por este tipo de cosas es bonito, porque se recuerda la historia. Pero no, quiero ser Marito Sepúlveda, la persona que trabaja en temas sociales, la persona que hace todo lo posible por dar una sonrisa, la persona que abraza a otra con mucho cariño, la persona que hoy día está trabajando en un centro de rehabilitación para niños autistas… esa persona me gusta ser. Estuve en un reality, lo tomé de muy buena manera y con la idea clarísima de por qué me metí. Lo gané y esa platita la estoy invirtiendo en este centro.

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Así fue el recate de Mario Sepúlveda

P.: ¿Utilizar este dinero para un centro para niños con autismo tiene que ver con un nuevo modo de enfrentar la vida tras el accidente?

M.S.: Por supuesto. Cabe destacar que después del accidente yo tuve otro bebé. Tenía tantas ganas de hacer el amor que cuando llegué a mi casa le hice el amor a mi señora hasta que nació Marito. Y Marito nació autista severo. Su problema de autismo le trae un retraso en el habla, tiene 8 años y no habla nada.

P.: ¿Cómo es hoy la relación entre los 33?

M.S.: Hay de todo. Tenemos distintas opiniones. Yo, con Omar Raigada, mi súper amigo; Franklin Lobos; Daniel Herrera, Carlitos Barrios, Pablo Rojas; Florencio Ávalos, y otros compañeros. Hay onda con los chiquillos.

P.: ¿Cree que luego de su experiencia mejoraron las condiciones de trabajo para los mineros de Chile?

M.S.: Aquí hay de todo. Después del accidente las grandes empresas se han preocupado mucho en invertir y en meterle recursos a la seguridad. Siguen habiendo dificultades, pero despertó mucho el interés en invertir para la mejoría de los trabajadores y de los proyectos que hay en mi país.

P.: ¿Considera que se hizo justicia?

M.S.: No, falta todavía, pero eso está en las manos de los abogados. Ahí hay detalles técnicos con los que uno tiene que ser muy delicado y muy minucioso. Quiero que sea justo, que las cosas sean como tienen que ser. No se puede premiar a una entidad que no fiscalizó y que no hizo bien su trabajo.

P.: La situación de aislamiento por la pandemia de coronavirus, ¿le recuerda aquellos días?

M.S.: Voy a ser honesto: no tiene nada que ver. Acá tenemos Internet; tenemos televisión; si queremos ver a alguien lo podemos ver a 5 o 6 metros; podemos saludarnos de lejitos y hay comida.

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