Madrid (EFE, Reuters, AFP, ANSA) - Diecisiete militares españoles murieron ayer al caer un helicóptero en Afganistán, donde participaban de la misión de la ONU para la seguridad de las elecciones parlamentarias de setiembre, en un hecho que, según las autoridades de Madrid, pudo deberse a un atentado.
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«En un primer momento se consideró exclusivamente la hipótesis de un accidente, pero a través de una fotografía vimos que se trataba de una zona muy montañosa, pero que el impacto se había producido en una llanura; ésta es la razón por la que no se ha descartado absolutamente que pudiera tratarse de un ataque exterior», dijo el ministro español de Defensa, José Bono. Fue Bono el miembro del gobierno encargado de informar del siniestro registrado en la zona de Herat -oeste de Afganistán-, horas antes de que el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, realizara una declaración institucional en la que destacó que los 17 militares dieron «su vida para defender la libertad y la paz».
En su intervención, tras mantener una reunión de urgencia en Madrid con los máximos responsables de Defensa, Zapatero no se refirió a las posibles causas del siniestro aéreo y se centró en resaltar la labor de los fallecidos y de los miembros de las fuerzas armadas españolas que participan en misiones de paz. El ministro español de Defensa fue quien facilitó la cronología de los hechos y las identidades de los diecisiete militares que viajaban en el helicóptero Cougar siniestrado.
Según Bono, la secuencia de los hechos comenzó cuando ayer a la mañana se tuvo conocimiento de que un helicóptero, que participaba en una operación de integración de las fuerzas armadas españolas dentro de la misión de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), informó que había visto una columna de humo negro en un valle al sur de Herat.
A esa hora, continuó, se produjo el siniestro cuyas causas «no fueron definidas de manera radicalmente cierta». Tras asegurar que la aeronave se encontraba en perfectas condiciones técnicas, Bono recalcó que no detectó en la zona ninguna circunstancia de «hostilidad».
Preguntado por la posibilidad de que el siniestro se produjera como consecuencia de que la aeronave siniestrada rozara sus aspas con la de otra que la acompañaba, Bono consideró «absolutamente imposible» tal eventualidad.
Bono partió hacia Afganistán acompañado de un equipo de investigación en accidentes aéreos, expertos en identificación y jurídico-militares para realizar los trámites de identificación y repatriación de los fallecidos.
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