Negociaciones en la cuerda floja
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Estos dos últimos grupos integran junto a Siria el «núcleo duro» de rechazo al Estado judío en el mundo árabe y constituyen los otros dos interlocutores de Israel en transacciones que, como con el régimen de Damasco, se producen a través de intermediarios.
Egipto presta sus oficios para establecer una tregua entre Israel y Hamas en Gaza, en tanto que Alemania media para que el Estado judío y Hizbollah alcancen un acuerdo de intercambio de prisioneros.
Pese a que se trata de procesos de menor calado político -en la medida en que no está en juego una paz definitiva sino un compromiso temporal sobre asuntos específicos-, el éxito en las negociaciones con Hamas y Hizbollah facilitaría el entendimiento con la AP y Siria.
Las cuatro negociaciones responden a iniciativas de Olmert y sólo tendrían continuidad si -en caso de que dimita el primer ministro-, lo reemplaza la titular de Exteriores y «número dos» de su partido, Tzipi Livni, también ferviente defensora del diálogo. Esa es la puerta que ha dejado entreabierta Barak, al advertir que «Kadima debe buscar sustituto» a Olmert ante las graves sospechas de corrupción que pesan sobre el jefe de gobierno.
La única alternativa que ha planteado el ministro de Defensa es el adelanto de comicios generales, y sabe de lo que habla.
Barak es el líder del Partido Laborista y la retirada de esa formación de la mayoría gubernamental desembocaría casi inevitablemente en una cita a las urnas en la que, según todas las encuestas, el claro ganador sería el conservador Likud. Y ese partido derechista mantiene una línea dura y es bastión de las posturas irreductibles frente a los vecinos árabes.
Aunque siempre cabe la posibilidad de que Olmert -de quien sus detractores dicen que su febril esfuerzo negociador no es más que una cortina de humo para sus escándalos-, saque un conejo de la galera.
El primer ministro israelí es un acreditado superviviente en la enfangada arena política de su país, tras haber sobrevivido a cuatro anteriores investigaciones por corrupción, y necesita un nuevo juego de prestidigitación para salir de esta última encrucijada.




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