Netanyahu formó gobierno y se convirtió en el primer ministro israelí
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Benjamín Netanyahu.
Con treinta ministros, el nuevo Ejecutivo israelí es el mayor en número de carteras en la historia del país: quince para el Likud, cinco para Israel Beitenu, otras tantas para los laboristas, tres para el ultra-ortodoxo sefardí Shas y una para Habait Hayehudí.
El líder laborista, Ehud Barak, conserva el Ministerio de Defensa, mientras que Avigdor Lieberman, que preside Israel Beitenu, será titular de Exteriores y el líder del Shas, Eli Yishai, pasa de Industria a Interior.
Tan sólo dos mujeres han logrado un hueco en el nuevo gobierno: Limor Livnat (Likud), al frente de Cultura y Deportes, y Sofa Landver (Laborista), de Inmigración y Absorción.
Netanyahu ha tenido que crear y dividir ministerios para contentar tanto a destacados dirigentes del Likud como al resto de partidos que forman la coalición gubernamental.
El lunes por la noche hubo incluso que añadir una banqueta en el Parlamento para dar cabida a tal proliferación de cargos, que incluye cinco viceprimer ministros y tres titulares sin cartera.
Sanidad queda por ahora en manos de Netanyahu, a la espera de que el partido ultra-ortodoxo asquenazi Judaísmo Unido de la Biblia resuelva su entrada en el Gobierno, con lo que obtendría la cartera.
Apenas media hora antes del inicio del acto, el diputado del Likud Silvan Shalom aceptó entrar en el Gobierno como viceprimer ministro y titular de Desarrollo Regional, lo que puso fin al riesgo de un cisma en esta formación.
Esta política de "café para todos" ha generado las críticas de la incipiente oposición, liderada por el hasta ahora gobernante Kadima, por el gasto que supone en tiempos de crisis económica global.
"El público tendrá que pagar el enorme peso de un gabinete hinchado", dijo Livni en su discurso ante la cámara, horas antes de la votación.
El nuevo gabinete costará cada año a las arcas del Estado judío unos 150 millones de shekels (27 millones de euros o 35 millones de dólares), según cálculos del diario "Haaretz".
Ante la Kneset, Netanyahu esbozó su visión de Israel y los retos que afronta.
"La economía, la seguridad y la diplomacia son el camino para la paz", dijo sin mencionar la creación de un Estado palestino.
En su discurso, el líder derechista advirtió a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que si quiere la paz, debe "combatir el terrorismo".
El desde hoy jefe de Gobierno indicó de forma vaga que buscará una paz global con sus vecinos árabes y el mundo musulmán, y que abordará el diálogo de paz con "sinceridad y mente clara".
Netanyahu citó la "propagación del islam radical" en Oriente Medio y en "todo el mundo" y el régimen iraní como las principales amenaza para la seguridad en la región.
"No permitiremos que nadie cuestione nuestro derecho a existir", algo que "Israel no puede permitir tomarse a la ligera", dijo el dirigente conservador.
El jefe negociador de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekat, respondió que Netanyahu no "ofreció nada nuevo" en su intervención sino "vagos compromisos de continuar las negociaciones".
"Lo que obtuvimos de Netanyahu fue la promesa de más 'proceso' sin un objetivo definido o una referencia a los palestinos como tales. Para los palestinos la referencia es el establecimiento de un Estado palestino totalmente soberano sobre las fronteras de 1967, con Jerusalén Oriental como capital. Para Netanyahu, significa algo muy diferente", lamentó Erekat en un comunicado.




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