5 de enero 2006 - 00:00

Operaron de urgencia a Sharon: estaba muy grave

El primer ministro de Israel, Ariel Sharon (izquierda) fue internado de urgencia en el hospital Hadasa de Jerusalén, donde se montó de inmediato un fuerte dispositivo de seguridad (derecha).
El primer ministro de Israel, Ariel Sharon (izquierda) fue internado de urgencia en el hospital Hadasa de Jerusalén, donde se montó de inmediato un fuerte dispositivo de seguridad (derecha).
Jerusalén (Reuters, ANSA, EFE, AFP) - El primer ministro de Israel, Ariel Sharon, se debatía anoche entre la vida y la muerte como consecuencia de una «hemorragia cerebral masiva» por la que fue sometido a un coma farmacológico y operado de urgencia. Allegados dijeron esperar «un milagro» para su recuperación, mientras el vicepremier Ehud Olmert se hizo cargo de la jefatura de gobierno.

Este hecho sacude la escena en Medio Oriente no sólo por la dimensión de la figura política de Sharon, de 77 años, sino también porque tanto Israel como los territorios palestinos se encuentran en un momento decisivo para el próximo diseño del poder regional (ver abajo).

El diario israelí «Haaretz» en su versión on line indicó anoche que Sharon tendría paralizado gran parte del cuerpo. Uno de los médicos que lo atienden en el hospital Hadasa de Jerusalén, Samuel Mor Yossef, dijo en un breve parte de prensa que el primer diagnóstico indica que Sharon sufrió un «ictus cerebral grave» y debió ser conectado a un respirador artificial. «Se ve muy mal. No sé si se va a recuperar», sostuvo una alta fuente política.

«Hay un sangrado masivo interno en el cerebro»,
amplió el doctor Shmuel Shapira, director del hospital, al Canal 10 de televisión. «El objetivo de la operaciónes drenarlo. Tenemos el equipo más grande que la medicina israelí puede ofrecer, a la gente más importante», dijo el médico.

«Estamos esperando un milagro»,
dijeron otros allegados.

Algo más alentadoras fueron las palabras, al cierre de esta edición, del vocero de Sharon, Raanan Guissin, quien indicó que «la operación transcurre bien y su situación está estabilizada». «Por supuesto que estoy preocupado, pero espero que Sharon gane esta batalla», indicó.

Sharon, con 118 kilos de peso, comenzó a sentirse mal ayer mientras estaba en su rancho en el Neguev, en la víspera de una operación menor prevista para la mañana de hoy para reparar una lesión en el corazón que se cree que contribuyó a la apoplejía que sufrió el 18 de diciembre pasado, calificada entonces como breve.

El premier ingresó por la noche al hospital acompañado por sus hijos Omri y Ghilad y una de sus nueras. Inicialmente se informó que al primer ministro lo aquejaba «dolor y presión en el pecho», pero tras una resonancia magnética de urgencia para evaluar con la gravedad del episodio se detectó el nuevo ictus cerebral.

Los poderes gubernamentales fueron transferidos al vicepremier
Ehud Olmert, quien independientemente de la evolución de la salud de Sharon conservará ese cargo durante los próximos cien días. Además, fue citada para hoy una reunión de emergencia del gabinete. Aunque la salida de Sharon de la escena política abriría ineludiblemente la incógnita del liderazgo de su nuevo partido Kadima, una de las figuras sobre las que anoche comenzaron a posarse las miradas es el propio Olmert, aunque no está bien ubicado en encuestas de cara a los comicios previstos para el 28 de marzo. Otros nombres que se barajaban eran los de los ministros de Defensa y Justicia, Shaul Mofaz y Tzipi Livni, respectivamente.

Líderes del mundo y políticos israelíes de la oposición dieron inmediatas muestras de interés por la salud de Sharon, entre ellos el presidente de Estados Unidos,
George W. Bush, quien dijo orar por él.

Para
Josef Lapid, titular del partido centrista Shinui, aliado de Sharon, la de noche de ayer fue una de «las más dramáticas» de la historia de Israel. Del lado del gobierno palestino, el vicepresidente Nabil Saath dijo sentir «pena desde un punto de vista puramente humanitario» mientras que, en el plano político, el funcionario pronosticó un «crecimiento de la incertidumbre».

Anwar Abu Taha
, de la terrorista Yihad Islámica del Líbano, dijo no sentir pena. «Lo dejamos ir al infierno», enfatizó Taha para luego amenazar con continuar la «guerra santa».

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