17 de junio 2007 - 00:00

Partido de Sarkozy logró mayoría absoluta en Parlamento pero oposición también se fortalece

La derecha del presidente francés Nicolas Sarkozy consiguió la mayoría absoluta en la segunda vuelta de las legislativas del domingo, lo cual significa que el jefe de Estado podrá ejercer cómodamente el poder pero deberá, contra todo pronóstico, contar con una oposición socialista.

Según resultados parciales, la Unión por un Movimiento Popular (UMP, derecha) de Sarkozy conseguiría entre 319 y 329 escaños sobre un total de 577 en la nueva Asamblea Nacional, frente a los 359 de la Cámara de diputados saliente.

Paralelamente, el Partido Socialista (PS) sorprendió al más optimista y obtendría entre 202 y 210 escaños, frente a los 149 actuales.

El resultado es un éxito para la UMP, pese a que no consiguió finalmente la abrumadora mayoría absoluta que se preveía ya que los franceses decidieron no otorgar todos los poderes al partido de Sarkozy.

"Ha sido una elección clara y coherente que permitirá al presidente de la República llevar a la práctica su proyecto", se congratuló el primer ministro, François Fillon, comprometiéndose a respetar y a establecer un "diálogo franco" con la oposición de izquierda.

Para la derecha, el golpe más duro de esta noche fue la derrota del número dos del gobierno y titular de Ecología, Alain Juppé, en Burdeos (suroeste), lo cual provocó que presentara su dimisión.

La configuración de la nueva Cámara de Diputados consolidará el bipartidismo en Francia y reducirá a la mínima expresión a las formaciones minoritarias.

Así, los comunistas tendrían entre 12 y 19 escaños, los Verdes, cuatro, el centrista Movimiento Demócrata de François Bayrou, otros cuatro, y el Frente Nacional (extrema derecha), ninguno.

El "Nuevo Centro", ex compañeros de Bayrou aliados a Sarkozy, sí tendrán voz y voto en la nueva Asamblea Nacional al conseguir unos 20 diputados, cifra mínima para formar un grupo parlamentario.

Los socialistas, desgarrados por la derrota de su candidata, Ségolène Royal, en las presidenciales, consiguieron finalmente movilizar a su electorado y convencerlo de la necesidad de construir una oposición fuerte frente a una derecha "omnipotente".

"Con estas elecciones, nuestros conciudadanos han querido instalar una fuerza frente al poder actual, para permitir el equilibrio y el contrapeso indispensables en una democracia", se felicitó el primer secretario socialista, François Hollande.

Pero en esta noche electoral, la gran e inesperada noticia fue el anuncio de que Royal y Hollande se han separado después de 30 años de unión y cuatro hijos en común.


En el ámbito puramente político y como ocurrió en la primera vuelta, la abstención en la segunda vuelta fue de cerca del 40%, un signo de la escasa motivación de los franceses, que votaron el domingo por cuarta vez en menos de dos meses.

Con estos comicios, se cierra un ciclo electoral en Francia que comenzó en abril, con unos comicios presidenciales que abrieron una nueva era política tras 12 años en el poder de Jacques Chirac.

Sarkozy, de 52 años, un presidente hiperactivo y muy popular, prometió romper con la forma de gobernar de sus predecesores y construyó un gobierno en el que incluyó a personalidades de centro e izquierda.

El jefe de Estado pidió con insistencia a los franceses que le dieran una mayoría amplia en la Cámara de Diputados para poder hacer realidad un ambicioso programa de reformas, que incluye desde costosas medidas fiscales hasta normas que controlan más la inmigración.

La nueva Cámara de Diputados se reunirá en sesión extraordinaria a finales de junio para comenzar a aprobar normas que pongan en práctica la ruptura anunciada por Sarkozy.

En las filas socialistas esta derrota honrosa no evitará la batalla interna por el liderazgo de la formación, una guerra no declarada que ya ha comenzado.

Royal, muy popular entre los afiliados, pero criticada por sus compañeros de filas, no oculta su deseo de sustituir a Hollande en 2008 tras un congreso del partido, pero imponerse a los pesos pesados del partido será una tarea ardua.

Más allá de renovar su dirección, el PS se verá obligado tras estos comicios a iniciar una imprescindible refundación, como hicieron sus compañeros de toda Europa, con el fin de dejar de ser el eterno perdedor en las urnas y reducir el abismo entre el partido y sus electores.

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