Pelea que sumió en crisis al país
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El sucesor constitucional de Sánchez de Lozada, su vicepresidente Carlos Mesa, asumió en octubre de 2003 con la promesa de llamar a una asamblea constituyente y organizar un referendo acerca del futuro del gas, que le valió una popularidad de más de 70% en su cota más alta. Sin embargo, apenas 20 meses más tarde, en junio de 2005, tuvo que renunciar a pesar de una popularidad cercana a 50% y sin que el grueso de los grupos manifestantes pidiera su renuncia.
Mesa se vio impotente para administrar la crisis y sucumbió a la presión social para nacionalizar los hidrocarburos y para convocar a una asamblea constituyente, este último un punto crucial para los departamentos andinos de Bolivia, que quieren contrarrestar los impulsos autonomistas de las regiones más ricas del Oriente.
La demanda de recuperación de la propiedad de los ricos yacimientos de gas natural en favor del Estado no ha sido todavía cristalizada, dos años después de enarbolada por sectores sociales de la región occidental del país a un costo de unos 80 muertos y cerca de medio centenar de heridos.
En mayo pasado, el Congreso aprobó una ley que otorga mejores condiciones al Estado frente a las multinacionales, pero hasta ahora no ha logrado implementarse el nuevo sistema, que ha sido impugnado por las compañías extranjeras. Esta adecuación de las multinacionales a la nueva ley será un reto que deberá asumir el próximo presidente.
• Promesa
El candidato socialista Morales, favorito en los sondeos, prometió que si triunfa en los comicios, «el Estado boliviano nuevamente tendrá y ejercerá su derecho de propiedad en toda la cadena productiva de los hidrocarburos, sobre la base de las prescripciones de la Constitución Política del Estado». El ex presidente Quiroga, por su parte, propone «incentivar la apertura de nuevos mercados y la ampliación de los que actualmente se tiene».
Según los analistas locales, el tema dominará las discusiones también durante el próximo gobierno que será instalado el 22 de enero de 2006.
El desafío de los hidrocarburos es una ecuación de difícil solución y, en consecuencia, una peligrosa asignatura pendiente para el próximo gobierno.




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