Pentágono reconoció "problemas" en operación militar que dejó unos 100 muertos en Afganistán
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El Pentágono reconoció "problemas" en una operación militar en Afganistán.
No obstante, Morrell evitó establecer un vínculo directo entre dicho error y las vidas que se cobró el ataque entre la población afgana.
"Fue señalado como uno de los problemas asociados con estos sucesos, no como la causa de las bajas civiles", enfatizó.
La investigación fue "exhaustiva" y muestra que "los muchachos en el terreno involucrados en este incidente se esforzaron enormemente en limitar las bajas civiles, para apuntar a los que los habían atacado", aseguró Morrell.
Las conclusiones de la investigación fueron presentadas el lunes al secretario estadounidense de Defensa, Robert Gates, añadió.
La muerte de civiles -con frecuencia provocada por ataques aéreos de las fuerzas estadounidenses- suscitan cada vez más indignación y roces con el gobierno de Kabul. A principios de mayo, el presidente afgano, Hamid Karzai, reclamó a Washington el cese de ataques aéreos en su país.
Según el New York Times, que divulgó el hecho el miércoles pasado, un oficial militar estadounidense dijo que el saldo de muertos entre la población pudo haber sido menor si las fuerzas aéreas y terrestres se hubieran ajustado estrictamente al reglamento destinado a evitar víctimas civiles en operativos militares.
"De haberse respetado esas reglas, se habría anulado una parte de los ataques aéreos contra una media docena de blancos durante siete horas", dijo la fuente citada por el diario estadounidense.
En ese contexto, Gates encargó al futuro comandante de las fuerzas estadounidenses y aliadas en Afganistán, general Stanley McChrystal, revisar la estrategia militar en cuanto llegue al terreno y sugerir eventuales modificaciones.
"El secretario de Defensa pidió al general McChrystal (...) ir a Afganistán para examinar durante dos meses la situación en el terreno", anunció Morrell a los periodistas.
La violencia de los insurgentes afganos, incluidos los talibanes derrocados a fin de 2001 por una coalición liderada por Estados Unidos, se intensificó en los dos últimos años a pesar de la presencia de unos 70.000 soldados de 40 países, en su mayoría estadounidenses, que componen la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF).
El presidente estadounidense, Barack Obama, anunció el envío en breve de 17.000 soldados adicionales y 4.000 instructores para ayudar en la formación de policías y militares afganos.
En 2008, la violencia se cobró 2.118 vidas de civiles en Afganistán. De ellos, 39% fueron víctimas de las fuerzas pro-gubernamentales, en su mayoría fallecidos durante los bombardeos, según las Naciones Unidas.




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