29 de septiembre 2003 - 00:00

Poco convincente defensa de Castro

El polémico cineasta Oliver Stone entrevistó a Fidel Castro en agosto pasado en el marco del rodaje de la segunda parte de la obra «Comandante». Ambos son amigos y comparten ideología, pero este reportaje inédito permite conocer el los erráticos argumentos del presidente comunista cubano que apenas puede dar respuestas a las graves violaciones a los derechos humanos en su isla.

Oliver Stone:
Desde el comienzo de la guerra de Irak, Cuba está de nuevo en el ojo del huracán. Tres secuestros de aviones en menos de una semana. Se celebró un rápido proceso al final del cual fueron declarados culpables y condenados a la pena capital. Y, menos de ocho días después, fueron ejecutados.

Fidel Castro: Es verdad, pero estamos virtualmente en situación de guerra. Es algo raro. El primer secuestro tuvo lugar dos horas antes del comienzo de la guerra, tras 19 años sin un solo secuestro.


O.S.:
Vuelvo sobre la rapidez en la ejecución de los secuestradores. ¿Por qué?

F.C.: No soy una persona inmisericorde ni inaccesible a las peticiones de gracia. Pero nuestro primer deber es defender a nuestro pueblo. En eso, no podemos dudar en absoluto. Incluso sabiendo que los condenados a muerte no son tan culpables como los que los impulsaron a cometer los secuestros.


O.S.:
¿Quiénes fueron los impulsores?

F.C.: Está muy claro: el gobierno norteamericano. Bush está rodeado de extremistas, como Otto Reich. Me dolió tener que enviar a esta gente a la muerte, pero era necesario.


O.S.:
Si hace la distinción entre los secuestradores a los que considera criminales y los disidentes, ¿por qué acaba de enviar a la cárcel a 75 opositores con amplias condenas?

F.C.: Porque esa gente quiere destruir la revolución cubana y recibe toneladas de dinero de Estados Unidos.


O.S.:
¿Qué es un disidente? Ha condenado usted a 28 años de cárcel a un periodista.

F.C.: Es la propaganda internacional la que los convirtió en periodistas. La verdad es que de los 34 que se presentaron como periodistas, sólo cuatro de ellos tenían la licenciatura en periodismo. Durante muchos años, hemos sido sumamente tolerantes. Pero hoy vivimos bajo la amenaza de una superpotencia como nunca hubo otra igual, que anuncia una guerra preventiva contra 60 países de todo el mundo.


O.S.:
De los 95 disidentes recientemente detenidos 75 siguen en prisión. Fueron condenados a largas penas tras procesos muy rápidos. Se trata de periodistas, de libreros...

F.C.: ¡El señor Stone cuenta cuentos! ¿Dónde ha ido a pescar tales mentiras? Goebbels hacía lo mismo: repetir y repetir para que una mentira se convirtiese en la verdad.


O.S.:
¿Por qué Osvaldo Payá, el portavoz del Proyecto Varela, no ha sido nunca molestado?

F.C.: El gobierno revolucionario tiene el derecho de no develar las razones por las que detiene a unos y a otros. Es un privilegio de Estado.


O.S.:
¿Aceptaría usted que alguien dijese que la revolución, una idea grande y bella, fue traicionada por Castro? ¿Podría publicarse algo así?

F.C.: ¡Aquí publicamos incluso los discursos de Bush! Los cubanos pueden expresar con toda naturalidad sus diferentes puntos de vista en la televisión.


O.S.:
¿Incluso los más radicales?

F.C.: Si se trata de gente pagada por Estados Unidos, no.


O.S.:
Yo hablo de gente que critica la revolución sin más.

F.C.: Recientemente estuvo en Cuba el presidente Carter y su discurso fue retransmitido en directo. Y lo mismo con el Papa.


O.S.:
Me está citando a extranjeros.

F.C.: Pues los cubanos pueden hacer lo mismo. Durante la visita del Papa, el arzobispo de Santiago, un cubano de nacimiento, pronunció un discurso muy duro y afirmó que el mejor año para Cuba había sido 1958, el año en que Batista mató a más personas. Y nadie le interrumpió, ni siquiera se le criticó. Lo único que hizo la gente fue abandonar el sitio y el obispo se quedó con una sola fila de oyentes.


O.S.:
Imagine que yo soy un joven realizador cubano y quiero hacer una película sobre los guerrilleros de Sierra Maestra en 1958 y 1959. Mi idea es demostrar que hubo serios conflictos. ¿Podría rodar mi película?

F.C.: No, porque ese joven nunca encontraría a nadie que colaborase con él.


O.S.:
Imaginemos a un joven a la cabeza de Cuba. Sin cuestionar la revolución, aportaría frescura. Usted tendría el tiempo de ver cómo funciona y Cuba tendría una imagen mejor.

F.C.: Dos cosas. La primera es que no estoy dispuesto a concederle ese gustazo al señor Bush. En segundo lugar, nosotros mantenemos excelentes relaciones con todo el mundo. Somos un desafío para la opinión internacional. Cuando se hundió el bando socialista en el Este, nadie hubiese dado un comino por la supervivencia de la revolución cubana.


O.S.:
El cambio en la cabeza del Ejecutivo es síntoma de salud. Usted lleva en el poder más de 40 años.

F.C.: No, es el pueblo el que está en el poder desde hace 44 años.


O.S.:
Usted es el «caudillo».

F.C.: Esa palabra no la acepto. Yo soy una especie de líder espiritual. Ni siquiera soy presidente de la República. Sólo soy el presidente del Consejo de Estado.

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