14 de diciembre 2005 - 00:00

Polémico, Schröder se recicla como un empresario exitoso

Gerhard Schröder
Gerhard Schröder
Berlín - La astucia del ex canciller alemán Gerhard Schröder era por todos conocida. Pero sus recientes maniobras, apenas abandonó la Cancillería, escandalizaron hasta a los que pensaban que nada les sorprendería ya del político que gobernó los últimos siete años la República Federal.

Schröder, socialdemócrata de pies a cabeza, resolvió en dos semanas su futuro de la forma más rápida, sin importarle que ello no fuera acorde con su puesto honorífico de ex jefe del gobierno alemán.

El ex canciller escribirá sus memorias, estrictamente profesionales y centradas en el período 1998-2005, publicándolas el año próximo y ganando cerca de un millón de euros. Paralelamente, ejercerá de abogado en un despacho que alquiló junto a la Puerta de Brandeburgo, en el centro de Berlín.
Para ello, Schröder tuvo que desempolvar su inglés jurídico y se encuentra estos días en Gales, estudiando en una escuela y tomando cerveza en la taberna de al lado.

• Oferta

Mientras tanto, le llegó una jugosa oferta desde Suiza para trabajar como asesor en la editorial Ringier, lo que Schröder no fue capaz de rechazar, y ya tiene preparado un despacho en Zurich, donde viajará de vez en cuando. Pero lo que irritó a la ciudadanía germana no fueron sus nuevas labores de escritor, abogado y consejero, absolutamente lícitas, sino el último puesto de trabajo que fue hecho oficial el viernes pasado en Rusia.

Schröder ocupará la presidencia del Consejo de Vigilancia de la empresa que acaba de empezar a construir un gasoducto rusogermano, cuya creación él mismo impulsó con su íntimo amigo, el presidente Vladimir Putin
.

Nadie olvidará que el último acto público que hizo Schröder como canciller en Berlín fue el 8 de setiembre, 10 días antes de las elecciones, y que se trató de la firma del mencionado gasoducto, que cruzará el Mar del Norte y proveerá de gas a Alemania a partir de 2010.

Schröder y Putin cerraron el acuerdo entre grandes abrazos, pero lo que nadie sabía es que ahí no se sellaba sólo una operación, sino que Schröder se estaba asegurando un puesto de trabajo que, según la prensa germana, le puede proporcionar hasta 700.000 euros anuales
.

«Apesta», reaccionó el partido de los Verdes, a través de su copresidente, Reinhard Bütikofer. «Más vale que sea un empleo no remunerado o todos pensaremos que esto es un regalo de Putin para recompensar a Schröder», señaló Rainer Bruederle, de los liberales, recordando cómo el ex canciller alemán siempre defendió a Putin cuando el resto de la comunidad internacional lo acusaba de aprisionar a Rusia en un régimen poco democrático.

Si observamos las actividades actuales de otros ex jefes de gobierno alemanes, comprobamos que
Helmut Schmidt es uno de los editores del semanario «Die Zeit», mientras que Helmut Kohl escribe sus memorias y ocupa una plaza en el Consejo de Administración de una compañía de seguros.

El problema no es que Schröder esté haciendo algo que otros no hayan hecho o que le sobre sagacidad, sino que ésta no lo tenía que haber llevado tan lejos y se la hubiera podido guardar hasta pasado un poco más de tiempo.

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