Por qué sería imposible un pontífice de EEUU
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Impensable imaginar un papa norteamericano, a pesar de que Estados Unidos constituye la segunda fuerza cardenalicia del cónclave. Once eminencias van a sentarse en la Capilla Sixtina, perfectamente conscientes de que todavía no han llegado los tiempos para asistir al nombramiento de un papa yanqui.
• Sensación general
Lo dijo apenas aterrizó en Roma el arzobispo de Chicago, Francis Eugene George: « Veremos lo que piensa el Espíritu Santo. Mi impresión personal es que va a ser muy difícil. Todavía no se dan las circunstancias objetivas». En efecto, el poder de Estados Unidos no llega al extremo de permitirse un candidato sólido. Peor aún: el escándalo de la pederastía que todavía sacude a Norteamérica deja todavía más fuera de juego las posibilidades de los purpurados del Tío Sam. De hecho, uno de ellos, el cardenal Bernard Francis Law, que también ocupará una plaza de honor en el cónclave, fue defenestrado por Juan Pablo II al frente del Arzobispado de Boston. Una medida disciplinaria que adoptó Karol Wojtyla para demostrar que desde Roma se contemplaban con decepción los escándalos de abusos a menores que provenían de las parroquias y que fueron contagiándose en muchos otros estados.
El propio arzobispo de Washington, monseñor Theodore McCarrick, un tipo carismático y de considerable formación intelectual, reconocía que la importancia cuantitativa de Estados Unidos en la Capilla Sixtina es inversamente proporcional a las posibilidades: «Venimos tranquilos, conscientes de que esta elección no va a dar la sorpresa de un papa norteamericano. Quizás en futuras ocasiones».
Puede haberlas en un plazo razonablementeinmediato, precisamente porque la sensación general de los cardenales coincide en apuntar hacia un papado de transición.
Mucho más breve que el liderado por Juan Pablo II, más pendiente de las tareas de gobierno y menos carismático. «Creo que existe consenso en la idea de la continuidad. Sea quien sea el elegido, hay que seguir los pasos de Juan Pablo II», añadía Theodore McCarrick en alusión al perfil del futuro cónclave.
El problema es que la opinión pública norteamericana discrepa de muchos principios vigentes en la doctrina de la Iglesia.


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