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Una familia de Pisco carga una camioneta con las pocas pertenencias que se recuperaron
del terremoto en la costa peruana. Muchos se van a Lima, para vivir con familiares hasta que
pase la emergencia.
En los días inmediatos a la catástrofe, el éxodo era notorio en las vías de salida de la ciudad, con la gente huyendo de la zona devastada. A una se-mana, aunque con menor frenesí, se ven cotidianamente familias cargando sus cosas en autos y camiones, incluso triciclos, para tomar la ruta Panamericana en busca de tranquilidad en otro lugar.
«No puedo quedarme acá; mi casa está en el suelo. Me voy a Ayacucho (sureste), donde vive mi hijo mayor. Espero volver pronto cuando esté levantada mi casa porque aquí nací y aquí me muero», confesó Nilda Escobedo, una madre de familia que junto con dos hijos menores pernocta en la calle.
Al contrario de quienes deciden emigrar, el martes unos 4.000 jóvenes lanzaron la consigna que será el motor de la reconstrucción: «Pisco sólo hay uno. Pisco, ciudad nueva».
Según la Defensa Civil, el terremoto del 15 de agosto dejó 540 muertos, de los cuales se lograron identificar a 513, en tanto que el número de heridos se elevó a 1.090 y el de damnificados a más de 187.600. El mayor número de muertos se produjo en Pisco, con 335.
Debido a las malas condiciones en las que habitan los damnificados, una beba de apenas unas semanas de vida murió ayer de una neumonía. La pequeña dormía desde hace siete días en un parque de la ciudad Imperial, en Cañete, cerca de Lima.
En Perú, la ayuda sigue llegando, cada vez más por tierra ahora que el tránsito en la ruta se ha normalizado.
Mientras siguen enviando auxilio varios países y hasta empresas -ayer Repsol YPF mandó un avión a Pisco con 1.500 kilos de materiales-, no cesan las críticas a la distribución de la ayuda.
En la Argentina, rescatistas de la ONG espa-ñola K-9 de Creixell denunciaron que las autoridades peruanas no están distribuyendo la ayuda internacional. «A Perú llegó mucha ayuda de Japón, los países de Europa y Latinoamérica, pero las autoridades peruanas no la están distribuyendo a los afectados, sólo reparten algo en el centro de Pisco y la almacenan en aeropuertos militares», denunció Pedro Frutos a la prensa.


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