14 de junio 2002 - 00:00

Preocupa la ola de antisemitismo en Europa

La reiteración de los atentados antisemitas en diversos lugares de Europa ha alimentado viejos temores.
La reiteración de los atentados antisemitas en diversos lugares de Europa ha alimentado viejos temores.
En Berlín, un líder político del opositor Partido Democrático Liberal (FDP) tuvo que disculparse por unas declaraciones suyas a las que el líder de los judíos alemanes, Paul Spiegel, calificó como el «peor insulto» contra los judíos alemanes desde la Segunda Guerra Mundial. En Amsterdam, Gretta Duisenberg, esposa del presidente del Banco Central Europeo, Wim Duisenberg, culpó a los «judíos norteamericanos ricos» por el sufrimiento palestino. Asimismo, docenas de cementerios judíos y sinagogas por toda Francia han sido atacados y profanados. Y en Moscú, cuando un automovilista se dispuso a retirar una pancarta antisemita en una de las calles más transitadas de la ciudad, resultó ser una trampa bomba que le explotó en la cara. ¿Acaso ha regresado a Europa la vieja plaga del antisemitismo con nuevos y perturbadores bríos?

Mucha gente no tiene duda alguna de ello, especialmente en Estados Unidos. Un periódico de Boston proclamaba que se había producido «otra Kristallnacht», la aterradora noche en que fueron hechos trizas miles de vidrios de sinagogas y comercios judíos en la Alemania del Tercer Reich, y declaraba también que «no había habido nada igual desde entonces». En respuesta a una ola de preocupadas consultas, el Centro Simon Wiesenthal en Los Angeles ha advertido a los judíos «que tengan un cuidado extremo cuando viajen (a Francia y a Bélgica)». La rama de Los Angeles del Congreso Judío Norteamericano amenazó con boicotear a Francia hasta que el país vuelva a ser «seguro para los judíos». En una sesión en Washington, un congresista dijo que la escalada de la brutalidad es particularmente alarmante a la luz del conflictivo pasado de Europa .

Por mucho que el antisemitismo sea una parte antigua y vergonzosa de la historia del Viejo Continente, puede que esta retórica inflamatoria esté un poco alejada de la realidad. Es cierto que ha habido un aumento preocupante de los ataques antisemitas en Francia. Tan sólo en el mes de abril, se cometieron 400 actos de violencia contra la comunidad judía, comparados con los 200 de todo el año 2001. «Los judíos, así como sus intereses, están siendo atacados por el hecho de ser judíos. Eso está claro», afirmó un funcionario de Justicia francés. «Pero, frente a este hecho terrible, hay que empezar a preguntarse: ¿por qué ellos? ¿Por qué ahora? ¿Qué ha cambiado? En mi opinión, estos ataques provienen de otro tipo de rabia y frustración.»

El origen de esa rabia y frustración podría encontrarse en los barrios periféricos de las ciudades galas, dominados por la pobreza y la delincuencia, donde vive la mayoría de los 5 millones de musulmanes franceses y donde ha ocurrido la mayoría de los incidentes antisemitas. En lugar de ser un nuevo brote de antisemitismo virulento, estos actos, que han sido ampliamente condenados, forman parte de una tendencia mucho más general del crecimiento de la delincuencia y la destrucción de la armonía civil de la estructura social francesa. Estos ciudadanos franceses de primera generación se encuentran sin trabajo y atrapados entre la cultura árabe de sus padres y una sociedad francesa que no los acepta. La violencia, antisemita o de cualquier otro tipo, es su forma de desahogarse.

Los ataques son también una respuesta al trágico ciclo de violencia en Oriente Medio. «Sería una simplificación excesiva decir que todos los ataques antisemitas en Francia se han hecho para vengar a los palestinos», dice el funcionario de Justicia. «Pero hay un elemento real en la agresividad existente y el deseo de rebelarse y atacar a Israel a través del ataque a los judíos franceses».

La simpatía por los palestinos no justifica de ninguna manera la violencia, pero sugiere que se trata de algo más que un odio ciego contra los judíos. En Francia, «hay, sin duda, un antisemitismo de fondo», dice Emmanuel Weintraub, presidente de la sección francesa del Congreso Judío Mundial y miembro del directorio de CRIF, una organización que agrupa a asociaciones de judíos franceses. «Pero ese antisemitismo es silencioso y adormilado. Puede que un día se despierte, pero eso no ha ocurrido hasta ahora.»

Por el contrario, lo que parece observarse en muchos países europeos es una reacción más generalizada contra los «extranjeros» de todo tipo y contra el sistema político establecido, como demuestra el apoyo a los líderes de extrema derecha como Jean-Marie Le Pen y al político asesinado Pim Fortuyn, en Holanda. Según un nuevo informe de la Unión Europea, por ejemplo, los ataques contra los musulmanes también se han multiplicado en la región tras los sucesos del 11 de setiembre.

Por razones históricas, el antisemitismo es una cuestión especialmente sensible en Alemania. En mayo, Jamal Karsli, legislador nacido en Siria, quien ha acusado repetidamente al ejército israelí de usar «tácticas nazis» en su campaña contra los palestinos y se ha quejado de la existencia de un «lobby sionista» que califica cualquier crítica a Israel como antisemitismo, fue expulsado del Partido Verde. Sin embargo, fue acogido en la sección estatal del FDP por su líder local y vicepresidente nacional, Jürgen Möllerman.

• Censura

Möllermann, presidente de un grupo de amistad entre alemanes y árabes, y crítico del primer ministro israelí, Ariel Sharon, terminó siendo censurado con dureza por aceptar a Karsli en el partido, en especial por Michel Friedman, vicepresidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania. Möllerman le replicó diciendo: «La respuesta intolerante y maliciosa del Sr. Friedman a cualquier crítica contra Sharon podría despertar desgraciadamente resentimientos antisemitas». El comentario ha causado un escándalo porque repite en forma explosiva la vieja calumnia de que los judíos atraen las desgracias sobre sí mismos. La semana pasada, Karsli fue expulsado del FDP y Möllerman debió disculparse por cualquier ofensa que les hubiera podido causar a los judíos.

El episodio fue considerado por algunos comentaristas como una jugada para ganar el voto de los extremistas antisemitas alemanes. El propio Friedman dijo que «es intolerable que un partido del centro del espectro político use el antisemitismo en una campaña electoral». El objetivo del FDP es regresar al gobierno como miembro de una coalición tras las elecciones de setiembre, pero este episodio no los ha ayudado. Si no se corrige la explotación de Möllerman del populismo de extrema derecha , dice Hajo Funke, especialista en ciencias políticas en la Universidad Libre de Berlín y crítico abierto de Sharon, «tendremos un partido que funciona con clichés antisemitas».

Pese a la tormenta desatada en torno de los comentarios de Möllerman, los expertos no creen que el antisemitismo vaya en aumento. «Durante los últimos 15 años vengo oyendo quejas de que está creciendo el antisemitismo», dice Wolfgang Benz, director del Centro de Investigación del Antisemitismo en la Universidad Técnica de Berlín. Aunque reconoce la seriedad que tienen los incidentes y está de acuerdo con que se ha roto el tabú de la prohibición de criticar a Israel, Benz no percibe una tendencia al alza del antisemitismo en Alemania. «Las comparaciones con la Noche de los Cristales Rotos son estúpidas y repugnantes».

Alemania ha sido uno de los aliados más firmes de Israel durante mucho tiempo, pero otros gobiernos europeos han mostrado más simpatías por la causa palestina. Los judíos en estos países se muestran especialmente preocupados por lo que perciben como un aumento del antisemitismo. Por demostrar su apoyo a los palestinos, Gretta Duisenberg colgó una bandera palestina en el balcón de su casa, en el elegante barrio del Rivierenbuurt, en Amsterdam. Cuando la bandera llevaba allí varias semanas, Duisenberg recibió al menos una amenaza de muerte. Luego la Federación Judía Holandesa la acusó de «incitar al odio y al antisemitismo».

Un vecino, Ron van der Wieken, judío con hijos que viven en Israel, escribió una carta pidiéndoles a los Duisenberg que retiraran la bandera. «Al principio no nos importó -dice-. Pero cuando se convirtió en un proyecto a largo plazo, protestamos. Nuestra respuesta fue la de los 'judíos ricos'.» La bandera fue quitada hace dos semanas, antes de que Gretta Duisenberg se marchara a la casa de vacaciones de la familia en Francia.

Estas controversias demuestran lo difícil que les sigue resultando a los europeos separar el legítimo debate político de los supuestos comentarios racistas cuando se trata de antisemitismo. Los ataques y el éxito electoral de personajes como Le Pen son alarmantes y deben ser condenados. Pero el esfuerzo que hace Europa por confrontar y discutir abiertamente el antisemitismo es un signo saludable de que el Viejo Continente no va camino de repetir lo que ocurrió en 1938.

La reiteración de los atentados antisemitas en diversos lugares de Europa ha alimentado viejos temores. Pero aunque el rebrote es fuerte, las autoridades aseguran tenerlo bajo control.

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