Qué país recibirá el nuevo presidente
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•Crisis externas
Cardoso controló la inflación, que rondaba esa cifra mensual, con un medicamento arriesgado: el cambio fijo. Mantuvo el real sobrevaluado y suspendió barreras comerciales, y así la avalancha de importaciones frenó el alza de los precios. Cuando los «efectos colaterales» de la medicina antiinflacionaria comenzaron a agravarse, liberó el cambio a comienzos de 1999, lo que provocó un sacudón, pero nada serio comparado a la debacle argentina de este año.
•Estilo
En el plano político, el sociólogo con doctorado en la Sorbona demostró saber moverse entre los «tiburones» de la política local, a quienes primero atrajo con sus alianzas y luego fue dejando caer poco a poco. Su estilo de gobierno fue ocuparse de lo «macro» y sólo intervenir ante contradicciones de sus ministros.
El único ministro que se mantuvo durante los ocho años fue Pedro Malan, el «súper ministro» de Hacienda.
Críticos y seguidores admiten que Cardoso deja un Brasil más democrático, con menos poder de los «coroneles» de la vieja política autoritaria. Buscó el consenso, pero también firmó más de 5.000 decretos para evitar al Congreso.
La proporción de pobres cayó de 59,4% al asumir su gobierno a 53,1% en 1999, último año con cifras oficiales. La cantidad de indigentes también se redujo de 27,8% a 22,6%. Pero uno de cada diez brasileños en edad de trabajar no tiene trabajo y los que lo poseen ganan menos.
Ahora, a dos meses del final de su gobierno, el propio Cardoso admite que lidiar con un país tan complejo como Brasil le resultó más difícil de lo que pensaba. «No es fácil gobernar un país tan grande. Cuando inicié el gobierno dije que sería fácil gobernar Brasil. Ahora no lo diría», afirmó la semana pasada.
Las últimas encuestas muestran que la mayoría de los brasileños tiene una opinión relativamente favorable del gobierno de Cardoso, aunque todos quieren un cambio. La mayoría también cree que es más inteligente que los cuatro principales candidatos para la elección de octubre.



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