7 de octubre 2002 - 00:00

Qué país recibirá el nuevo presidente

Brasilia - Fernando Henrique Cardoso deja un Brasil con estabilidad, con más alumnos en las escuelas y con una renta un poco mejor distribuida, pero sin haber crecido, con tasas de desempleo históricas y con una vulnerabilidad económica externa que lo ha acosado hasta en los últimos meses de su gobierno.

En sus ocho años en el poder, Cardoso controló la inflación, privatizó gigantescas empresas estatales, reformó parte de la asistencia social y promulgó la Ley de Responsabilidad Fiscal, que puso «en caja» al Estado y controló el déficit público. Licitó 36 empresas estatales, por las que recaudó 21.800 millones de dólares, que sirvieron apenas para pagar la abultada deuda pública que acumuló durante su gobierno, con las tasas más altas del mundo.

Consiguió evitar la recesión, pero no logró que Brasil creciera. La tasa de crecimiento económico de su primer mandato fue de 2,6% y la de segundo mandato de 2,2%, por debajo del aumento de la población.

•Crisis externas

Cardoso también tuvo que enfrentar un contexto económico internacional muy difícil en el que, globalización mediante y dada la vulnerabilidad externa de su modelo económico, el país quedó expuesto a las crisis de México, Rusia y la Argentina. En 1998, cuando estalló la crisis rusa, en un solo día, el 2 de setiembre, 15.000 millones de dólares dejaron Brasil y las tasas alcanzaron 42,12%. «Ni la prostitución tiene un retorno tan grande», dijo entonces el empresario Stefan Salej.

Fueron 63.000 millones de dólares los que el Fondo Monetario Internacional (FMI) puso a disposición de Brasil en tres rescates financieros durante el gobierno de Cardoso, a cambio de una política fiscal estricta y tasas de interés estratosféricas.

En tanto, en lo económico, el gobierno de Cardoso será recordado como la era de la estabilidad, cuando la inflación cayó de 47% mensual a cifras de un dígito anual.

Cardoso controló la inflación, que rondaba esa cifra mensual, con un medicamento arriesgado: el cambio fijo. Mantuvo el real sobrevaluado y suspendió barreras comerciales, y así la avalancha de importaciones frenó el alza de los precios. Cuando los «efectos colaterales» de la medicina antiinflacionaria comenzaron a agravarse, liberó el cambio a comienzos de 1999, lo que provocó un sacudón, pero nada serio comparado a la debacle argentina de este año.

•Estilo

En el plano político, el sociólogo con doctorado en la Sorbona demostró saber moverse entre los «tiburones» de la política local, a quienes primero atrajo con sus alianzas y luego fue dejando caer poco a poco. Su estilo de gobierno fue ocuparse de lo «macro» y sólo intervenir ante contradicciones de sus ministros.

El único ministro que se mantuvo durante los ocho años fue
Pedro Malan, el «súper ministro» de Hacienda.

Críticos y seguidores admiten que Cardoso deja un Brasil más democrático, con menos poder de los «coroneles» de la vieja política autoritaria. Buscó el consenso, pero también firmó más de 5.000 decretos para evitar al Congreso.

La proporción de pobres cayó de 59,4% al asumir su gobierno a 53,1% en 1999, último año con cifras oficiales. La cantidad de indigentes también se redujo de 27,8% a 22,6%. Pero uno de cada diez brasileños en edad de trabajar no tiene trabajo y los que lo poseen ganan menos.

Ahora, a dos meses del final de su gobierno, el propio Cardoso admite que lidiar con un país tan complejo como Brasil le resultó más difícil de lo que pensaba. «No es fácil gobernar un país tan grande. Cuando inicié el gobierno dije que sería fácil gobernar Brasil. Ahora no lo diría», afirmó la semana pasada.

Las últimas encuestas muestran que la mayoría de los brasileños tiene una opinión relativamente favorable del gobierno de Cardoso, aunque todos quieren un cambio. La mayoría también cree que es más inteligente que los cuatro principales candidatos para la elección de octubre.

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